• El nuevo partido Yesh Atid ha quedado en segundo lugar con 19 escaños, tras los 31 del partido de Netanyahu (en la imagen), que pierde once.
  • Lapid se dirige a la clase media laica, que se siente desplazada por los intereses de los ortodoxos religiosos y los colonos ultranacionalistas.
  • El periodista es partidario de prestar más atención a la economía que a la seguridad. Pero Netanyahu sigue en lo suyo: "El primer reto era y es evitar que Irán obtenga el arma nuclear".
  • Israel se divide en dos bloques: 61 escaños para la derecha y los ortodoxos y 59 para los partidos de centro e izquierda.
Israel ha celebrado elecciones generales. Y lo que pase en este país es importante, pues se trata de una pieza fundamental en la geoestrategia mundial. Pues bien: la coalición derechista Likud Beitenu, que lidera el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha obtenido la victoria con 31 escaños (aunque once menos que en la pasada legislatura) de los 120 posibles del Parlamento.

En segundo lugar se ha situado la nueva formación de centro Yesh Atid (Hay Futuro), encabezada por el periodista Yair Lapid, que entra en la Knesset (Parlamento) con 19 diputados, relegando al Partido Laborista a la tercera posición (15 diputados). Después viene el utraortodoxo sefardí Shas y el partido ultranacionalista religioso Habayit Hayhudí, ambos con 11 escaños. Otros partidos, como la Lista Árabe Unida, han conseguido 5 escaños, seguida del frente judeo-árabe por la igualdad Jadash, con 4, y el Pacto Democrático Árabe, que obtendría 3. En la parte baja de la lista, al borde de la barrera del 2% que se requiere para obtener representación parlamentaria, se sitúa la formación Kadima con 2 escaños.

Los analistas explican que estos resultados reflejan como dos bloques ideológicos en el que una coalición de derechas, formada por nacionalistas y ultraortodoxos, aventajaría por sólo dos diputados a una previsible alianza de centroizquierda: 61 escaños para el de la derecha y los ortodoxos y 59 para el de los partidos de centro e izquierda.

Caben más interpretaciones de estas elecciones. Otros analistas destacan también que la preocupación principal de los israelíes, especialmente de la clase media, es la situación económica, y no la seguridad. Una seguridad que, sin embargo, ha sido invocada por Netanyahu en su discurso tras la victoria: "El primer reto era y es evitar que Irán obtenga el arma nuclear".

Por su parte, el periodista Yair Lapid ha pedido a Netanyahu "que construya un gobierno lo más amplio posible para traer un verdadero cambio a Israel". Su discurso durante la campaña electoral se ha basado en el bienestar económico y se ha dirigido a la clase media laica, olvidada por los partidos tradicionales obsesionados con la seguridad y demasiado inclinados a favorecer a los ortodoxos religiosos y a los colonos ultranacionalistas para obtener su apoyo parlamentario. Por eso, en el programa de Lapid figuraba la mejora del sistema educativo, garantizar el acceso a la vivienda, ayuda a la pequeña empresa, abolir las exenciones de que gozan los estudiantes ortodoxos (y que les eximen, por ejemplo, de prestar el servicio militar), y reformas en el sistema de gobierno que incluya una reducción de ministros y un aumento del porcentaje mínimo para entrar en el Parlamento.

Lo que diga Lapid es importante, pues es casi seguro que Netanyahu tendrá que contar con su partido para gobernar, según indican los analistas. Así que, probablemente, deberá ceder ante los planteamientos del periodista...

Respecto al conflicto con los palestinos, el programa del nuevo partido Yesh Atid aporta una vaga referencia a la conservación de la "mayoría judía" en el estado y a la seguridad de las fronteras. Aunque el propio Lapid luego llamó a iniciar negociaciones con los palestinos sobre la base de dos estados, pero advirtió que Israel nunca reconocería el "derecho al retorno" de los refugiados ni negociaría la división de Jerusalén.

José Ángel Gutiérrez
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