Si algo importa poco al Gobierno hebreo son las críticas europeas a sus acciones.

Si acaso, las norteamericanas, pero cada vez menos, porque Barack Obama es el primer inquilino de la Casa Blanca en el que Israel no confía. Los judíos norteamericanos votaron por el líder demócrata en2008 sí, pero no confían en él. Hillary Clinton sigue alineándose con Israel frente a los musulmanes pero Hillary no dirige su política exterior sino la de la Casa Blanca.

Por eso, el premier Netanyahu ha lanzado un ultimátum a Estados Unidos: hay que atacar Irán antes de que el régimen de los ayatolás sea un agente nuclear plenamente operativo. Perdido en sus primaveras árabes, que ahora sufren frío invernal, Obama no quiere meterse en líos ni con su aliado, Arabia Saudi -una tiranía repugnante-, ni con el Ejército iraní -tiranía no menos repugnante y más poblada-.

Pero el tiempo se acaba y los judíos llevan siglos luchando por su supervivencia. Tiene capacidad de fuego sobrada para destruir los centros nucleares iraníes, incluso con la utilización de las llamadas bombas atómicas de alcance limitado, una contradicción en sus propios términos. Lo que temen son las consecuencias de esos ataques y el alineamiento mundial pro-Irán que vendrían luego. Para eso sí necesitan a Estados Unidos.

Una ataque israelí contra Irán podría romper el mundo, pero los israelíes están dispuestos a hacerlo solos. No tienen nada que ganar si se quedan quietos: deben detener la reducción del Tercer templo.

Eulogio López

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