La Infanta Cristina ha sido acusada por el juez Castro por delito fiscal y blanqueo de capitales. Y ya tenemos otra de cainismo nacional. Con toda la hipocresía con la que en España se abordan los procesos judiciales, los deseosos de ver a una infanta de España entre rejas aseguran que es la demostración evidente de que era una choriza de mucho cuidado y el resto habla de presunción de inocencia. Y ambos, claro está, arriman el ascua a su sardina, respetando las decisiones judiciales, naturalmente. Por eso, para el PP, el fiscal y la Agencia Tributaria, tan respetables como el juez ¡oh sí!, son partidarios de no imputarla, son muy respetables, mientras que para el PSOE, IU y compañía, el juez está contra el Estado, que, a su vez, miente para proteger a la Infanta.  

El defensor de la infanta, Miguel Roca, ha dicho una frase, acerca del auto del juez Castro, que me ha llamado la atención: "La contundencia nunca sustituye a la verdad". La frase es falsa -la verdad suele ser radial y contundente- pero lo que él quiere decir, sin decirlo, es que el juez Castro iba a por la Infanta.

¿Ustedes de quién se fían Yo de ninguno. Todos actúan según sus prejuicios, también los periodistas que se han hecho famosos con el caso.

Y entre toda esta barahúnda de venganzas disfrazadas de justicia, surge una mujer como la infanta Cristina (en la imagen junto a Urdangarin), que defiende a su marido en lugar de divorciarse de él. ¿Le defiende en connivencia Yo creo que no, me consta que lo hace porque ama al padre de sus hijos. Y esto me parece digno de encomio. Porque, a todo esto, el problema de Iñaki Urdangarín es, sobre todo, de orgullo: el muchacho no quería quedarse en esposo de la Infanta, quería demostrar que es un tipo valioso, capaz de crear grandes montajes empresariales y de forjarse un gran patrimonio.

No sé si ha cometido delitos fiscales porque eso no deja de ser una tipificación penal. Lo que sí sé es que se aprovechó de su condición de infante-consorte para medrar en el mundo empresarial. ¿Que la Infanta Cristina, como asegura el juez Castro, no podía no enterarse de lo que firmaba Pues yo creo que sí. Muchos casados firmaríamos lo que nuestro cónyuge nos pusiera delante y adoptaríamos cualquier conducta que nos pidiera por la sencilla razón de que nos lo pedía aquel o aquella en quien confiamos.

Pero me temo que todo esto ahora importa poco, muy poco. Lo que importa es la mala leche íbera.

Eulogio López

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