La historia de la Televisión Digital Terrestre (TDT) en España es muy sencilla. Un maravilloso instrumento tecnológico de pluralismo informativo, gracias al cual, en pocas palabras, se pasaba de cuatro canales a 40. Hablo de canales nacionales, no locales.

Lo hizo Zapatero, pero concedió todos los canales a los ya instalados y a sus amigos de Mediapro-La Sexta, a fin de que el PSOE y su ideología progre controlaran la televisión en España. Y a fe mía que lo consiguió.

Pero un pluralismo manipulado acaba siempre en oligopolio. Ahora mismo, menos de diez años después, el oligopolio se ha convertido en duopolio y casi en monopolio de Tele 5, la reina de la televisión basura. Por cierto, su propietario, Silvio Berlusconi (en la imagen) se tienta las ropas en su país, donde sus canales no son tan frívolos ni tan chabacanos como Tele 5. Allí, don Silvio hace televisión basura, en España es pura telemierda.

Y así llegamos a la fusión de la otra pata del duopolio: A3 TV-La Sexta. José Manuel Lara está cabreado porque la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) se lo ha puesto más difícil que a Berlusconi para fusionarse con Cuatro.

El duopolio o monopolio con añadido consiste en que publicitariamente Berlusconi y Lara controlarían casi el 90% del negocio y más del 50% de la audiencia. Puro pluralismo.

La TV es la viva muestra de la información basura que se hace en España y de la ausencia de pluralismo. Principales culpables: Zapatero y Rubalcaba ciertamente, que se han hecho una televisión a su medida pero también Rajoy, por no impedir el desatino.

Lara tiene razón cuando asegura que se le ha tratado peor que a Berlusconi, pero lo cierto es que no debería haberse permitido ninguna fusión, ni la de uno ni la de otro.

Eulogio López

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