El diputado del PSOE, Guillermo Antonio Meijón (en la imagen), pregunta al Gobierno, en sede parlamentaria, claro está, y saca a colación al obispo Martínez Camino: muy pertinente. ¿Qué ocupará la mente de don Guillermo en sus ratos de ocio

Pero lo mejor, sin duda, de su profunda interpelación ha sido la acusación al Gobierno, en concreto al ministro de Educación, José Ignacio Wert, de discriminar a los alumnos en razón de "su capacidad" lo que, a juicio de Meijón, es una muestra de totalitarismo clerical. ¡Olé, torero!

Hasta ahora, inocente de mí, pensé que la educación consistía en eso: en discriminar por razón de capacidad. Y así se producen fenómenos tan totalitarios y clericales como el de que al mal estudiante se le suspenda y al bueno se le apruebe. Incluso -Dios me perdone- pensé que se trataba de algo positivo: premiar al esforzado y castigar al perezoso. Pero, al parecer no es así. Meijón -loada sea su perspicacia- propone que todos los alumnos consigan las mismas calificaciones, hayan respondido a todas las preguntas o no hayan acudido al examen. Y esto, para evitar el "totalitarismo clerical".

Extrapolamos el igualitarismo meijonista. Siguiendo su argumento, deberíamos suprimir, en nombre de la igualdad de oportunidades, las elecciones, donde los ciudadanos premian a uno y castigan a otro, a costa de no votarles. Pura discriminación. Y las oposiciones, donde los esforzados consiguen plaza y los vagos se quedan sin ella: imperdonable.

Ya puestos, no se por qué George Clooney tiene más éxito con las señoras que yo mismo. No sé lo que tiene Clooney que no tenga yo, pero es una clara discriminación, totalitaria y clerical. Me tiene muy soliviantado.

Eulogio López

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