Se han entregado los Premios AMPE 2012 que contaron, en esta edición, con la presencia de descolladas figuras del sector del marketing, la publicidad y los medios de comunicación.

La gran vencedora, al ganar el Gran Ampe de Oro, ha sido la campaña "Conciencia Alzheimer" de Contrapunto BBDO diseñada para la Fundación Reina Sofía.

Por otra parte, se ha celebrado en Roma, el Congreso Internacional de la Academia para la Vida, que en esta ocasión, se ha destinado a investigar los aprietos relacionados con el término de la existencia y la dolencia terminal.

Uno de los personajes convocados al evento fue la erudita Paulina Taboada, catedrática de la Universidad de Chile que, en su declaración amparaba: "La capacidad de decidir del paciente y su total responsabilidad: lo que él decida es lo que debe hacerse".

La facultativa recalcó que es cierto que "la responsabilidad última hacia la salud y la vida propia la tiene uno mismo, pero para poder tomar una decisión responsable se necesita información. Por lo tanto "para que el paciente pueda ejercer bien esta responsabilidad necesita que el equipo sanitario le brinde una información comprensible, completa y adecuada".

También aportó sugestivas consideraciones referidas al contexto social que ha de ceñir al doliente en las fases terminales del padecimiento: "Cuando uno sufre se ven afectadas todas las dimensiones y se experimenta una cierta soledad, pero cuando una persona se aproxima al final de su vida esto se multiplica, porque a los sufrimientos físicos se suma el dolor trascendental por aproximarse al fin de la vida y no saber qué viene después, cómo será este fin, si habrá dolor, si se estará acompañado o solo".

Desde su experiencia en el cuidado de pacientes finales a través de la medicina paliativa, la facultativa recalcó el valor de "aprender a escuchar"; y explicó que esto "supone también captar los signos corporales, no sólo las palabras", ya que "en numerosas ocasiones los pacientes expresan mucho de lo que están viviendo a través de gestos, desde la postura en la cama a los ademanes de las manos y de la cara".

Es muy valioso dar hálito a estos dolientes terminales ya que es posible que estén desolados, relegados o padezcan alguna penuria física o mental es, por lo tanto, imperiosa una apropiada deferencia profiláctica, fraternal y solidaria.

También se debe subrayar el desamparo en el que vegetan los dolientes terminales en la cultura del bienestar en la que convivimos y que, por el plano  inclinado, es una secuela peligrosa que conduce al individualismo a cerrarse en el propio mundo y a evadirse de la obligación de ayudar a quién lo precise.

La vida digna exige que se respete el derecho a vivir de todos los seres humanos, desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural. También pide que se respete el tener unos cuidados paliativos que hagan, tanto la enfermedad como los dolores que sean soportables, para poder estar en condiciones de aceptar el dolor con alegría, como lo que es; un tránsito a la Vida Eterna.

Clemente Ferrer

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