• En España, sólo el Santander (86.000 millones) y el BBVA (53.000 millones) estarían en la parrilla de salida.
  • Caixabank, que es la tercera entidad española, vale 25.000 millones.
  • El Ceo del Sabadell, Jaume Guardiola, es el primer banquero que habla nuevas fusiones bancarias paneuropeas.
  • Según Guardiola, la supervisión única del BCE facilitará la concentración de entidades. No la facilitará, la impondrá.
  • El problema de cuántos bancos españoles quedarán al final del proceso.
  • Para liderar una fusión trasnacional hay que tener mucho volumen.
  • Al Fondo Monetario y a Europa sólo les gusta lo gigante.
  • Y ahí vendrá la pugna entre el sistema financiero europeo y los gobiernos nacionales: ningún país querrá perder sus buques-insignia.
  • Y no olvidemos que el Reino Unido, donde tiene su sede el mayor banco de Europa (HSBC), no pertenece al euro y queda fuera de la rueda de fusiones.
  • A la postre, lo que se busca es un oligopolio de monstruos bancarios y la marginación de la banca doméstica.
El consejero delegado del Sabadell, Jaume Guardiola, ha sido el primer banquero -mañana del jueves- en referirse de forma explícita a que la supervisión e inspección bancaria europea -que se supone comenzará de hecho el próximo 1 de enero- facilitará las fusiones entre bancos de distintos países. Hombre, no es que lo vaya a facilitar, lo que va es a imponerlo. De hecho, el propio FMI insiste en esta idea: a Europa le sobran bancos. Y cuando todo el poder inspector radique en el Banco Central Europeo (en la imagen, su sede), podrá imponer fusiones trasnacionales a conveniencia.

Pero no es un proceso producto del azar, sino del plan, más o menos oculto, en el que coinciden el FMI, el BCE y el más desconocido Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), del que nunca se habla pero siempre está detrás, porque marca las normas contables y de capitalización. Al final, a todo el sistema financiero internacional lo que le gustan son pocos bancos y muy grandes. En concreto, en Eurolandia lo que se busca -a medio plazo, por supuesto- son bancos con una capitalización superior a los 50.000 millones de euros.

Burro grande, ande o no ande. Para que se hagan  una idea, en España tan sólo el Santander -que vale 85.000 millones de euros- y BBVA -no llega a 53.000- superarían ese límite mínimo. Caixabank, el tercer banco español, está en los 25.000, Bankia en los 15.000, Popular en los 10.000, Sabadell en los 9.000 y Bankinter no llega a 6.000 millones. Es decir, que estamos hablando de una revolución en toda regla.

Naturalmente no todo lo que es grande es bueno, pero resulta sistémico. Lo cual, bien traducido, significa que si se hunde un grande hay que salvarlo con dinero público. Añadan que todo lo grande es ingobernable. Pero dejemos eso.

El caso es que ese proceso de fusiones significa que habrá bancos comedores y bancos que serán comidos. Y augura también una pugna entre el BCE y los gobiernos de los países miembros del euro. Que les quiten a los alemanes su Deutsche o a los franceses su BNP. Además, otro problema es el Reino Unido, donde radica el mayor banco de Europa, el HSBC.

Y además, añadan a eso el proceso de deslocalización del crédito. Porque detrás de esta filosofía del gigantismo, anida también, no sólo un oligopolio de grandes monstruos sino, además, un ataque en toda regla contra la banca doméstica, la que cumple, precisamente, una más importante labor social.

Eulogio López

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