La tibieza no solo es reprobable moralmente sino que es ineficaz y desesperante.

Mariano Rajoy es un tibio. Por eso, mientras el Gobierno británico afronta el último enfrentamiento sobre Gibraltar asegurando que el peñón será siempre británico, el Gobierno español intenta, atención, que los supervisores europeos -Bruselas, como siempre, apoyando al grande- "investiguen" lo que ocurre en Gibraltar.

Mire usted, en Gibraltar no ocurre otra cosa que esto: se trata de la última colonia en Europa, que un país socio de la UE mantiene contra otro país socio de la UE. O sea, una vergüenza internacional. 

En primer lugar, Rajoy debe reivindicar la soberanía española sobre Gibraltar. O sea, igual que hizo China: advertir a los británicos que Hong Kong era China, no británica, y que o se iban o les echaban. Los británicos se acobardaron y cedieron a una población como la de la antigua colonia a la peor dictadura del mundo. Ceder Gibraltar a España sería cederla a una democracia europea. No olvidemos que quien marca el debate gana el debate. El centro del debate es que Gibraltar es español, no británico.

Como, naturalmente, la hipocresía británica se negará y seguirá ejerciendo de verdugo mientras se hace pasar por víctima, lo primero que tendría que hacer Rajoy es cerrar la verja y ofrecer trabajo a los españoles que trabajan en Gibraltar, a costa de reindustrializar la Bahía.

A partir de ahí reivindicar ante los organismos internacionales pertinentes las aguas de la que Gibraltar se ha apropiado y perseguir el repugnante paraíso fiscal en el que se ha convertido la Roca, un Patio de Monipodio lamentable.

Y ya de paso, impugnar el acuerdo de cielos abiertos y la utilización espuria de los británicos de la base aeronaval de Rota.

Pero, sobre todo, encerrar a los llanitos en la Roca, porque son unos jetas que viven de España -por ejemplo de la sanidad española y de las villas de lujo de Sotogrande- y que encima se dedican a escupirnos en la cara.

Eulogio López

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