• Dicho de otra forma: el paralizado proyecto seguirá siendo una reformita que apenas reducirá el número de infanticidios en España.
  • Eso sí, el titular de Justicia insiste en que no hay discrepancias en el Gobierno. Es decir, miente.
  • La vicepresidenta, así como los titulares de Economía o de Industria, consideran que, al igual que el homomonio, no había que modificar la normativa Zapatero de aborto libre.
  • Por contra, el titular de Interior la considera laxa y continuista. Desde luego, no defiende el derecho a la vida ni de lejos.

El ministro de Justicia del Gobierno Rajoy, Alberto Ruiz-Gallardón (en la imagen) está muy cansado de que le pregunten por la reforma de la ley del aborto. Como iba en el programa electoral -sí, como derecho a la vida que los peperos aún dicen defender- algo tenían que hacer, pero la verdad es que de buena gana se habrían olvidado de su promesa electoral sólo realizada para que los católicos y los provida (no son exactamente lo mismo pero se dan un aire) les dejaran en paz.

Pero ahí está y ya no puede bajarse del burro. Total, que Gallardón le confiesa a Hispanidad que en el nuevo proyecto de ley de reforma de la Ley Aído, la del aborto libre, apenas habrá "novedades significativas". Reducir un mínimo el aborto eugenésico, tan salvaje como el terapéutico y el de violación, y un poquito más cruel, y, se supone, porque habrá que esperar a la redacción final, que diluirá, aunque no anulará, la barbaridad feminista-zapateril del aborto como derecho humano (sí, no derecho animal, sino humano).

En plata, que España seguirá siendo un paraíso para el infanticidio y que el número de abortos quirúrgicos no disminuirá un ápice respecto a la primera ley de aborto que hubo en España, la de Felipe González, una ley de plazos.

Gallardón insiste en que la reforma cumple los plazos previstos. No es cierto. La reforma se retrasa. Gallardón también asegura que no hay discrepancias en el seno del Gabinete. También miente. Las hay, y muchas. Desgraciadamente, la reformita del aborto, la mini-reforma, aún les parece a algunos que va demasiado lejos. Por ejemplo, a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que con un presidente ideológicamente muelle, como el que tenemos, es quien impone el progresismo de derechas que caracteriza al Gobierno Rajoy

Gallardón insiste en que no hay discrepancias en el Gobierno sobre la reforma. Sí las hay. La vicepresidenta se opone, todo el equipo económico también se opone, pues es partidario de dejar la cosa tal cual las dejó Bibiana Aído, de triste recuerdo. Incluso el titular de Economía, Luis de Guindos, lo declaró así, expresamente. Por el contrario, al ministro del Interior, Jorge Fernández, le parece una reforma timorata, pero Fernández no pinta mucho en el actual corpus ideológico -o absolutamente carente de ideología- del Gobierno gestor -no se sabe si buen gestor- del Partido Popular.

En cualquier caso, con la reformita Gallardón no se defiende ni de lejos, el derecho a la vida. Y sin derecho a la vida, mal puede hablarse de Estado de Derecho o de democracia.

Eulogio López

[email protected]