• Fainé seguiría presidiendo La Caixa y copresidiría Caixabank, con responsabilidad sobre el grupo financiero.
  • Rodrigo Rato se encargaría del grupo industrial resultante de la unión. La fórmula de emisión de cédulas hipotecarias avaladas por el Estado se perfila como la ayuda pública más adecuada.
  • El plan sería cerrar 3.000 de las 8.000 oficinas que suman entre ambos.
  • Eso sí, al menos por el momento, Mariano Rajoy insiste en que la reconversión debe hacerse sin ayudas. Emergería el primer banco de España, y tras Caixa-Bankia.... todas las demás.

La fusión Caixa-Bankia no sería necesaria si Francisco González, presidente del BBVA, no estuviera en plan montaraz. De hecho, la fusión primera –hablamos de fusiones 'sistémicas' no era la de Bankia-Caixa sino la de BBVA-Bankia. Ocurre que a Francisco González no le gusta compartir presidencia con Rodrigo Rato, el hombre que le hizo presidente de Argentaria. Figúrense si no le gusta que consiguió librarse de Emilio Ybarra mediante un oportuno chivatazo al Banco de España y, a partir de ahí, todo su modelo de gestión ha ido encaminado a que nadie le haga sombra. Y al que se la podía hacer como el caso de José Ignacio Goirigolzarri, le ha despedido.
Emilio Botín tampoco está dispuesto a fusionarse con Bankia, así que queda Caixabank. Hablamos de una fusión entre la entidad más catalana y la más madrileña porque resulta que Rodrigo Rato e Isidro Fainé sí que se entienden.
Han hablado mucho de esa fusión como hipótesis pero ahora empiezan a modelar el organigrama, que es lo que interesa. Fainé y Rato serían copresidentes, uno, Isidro, destinado al grupo financiero, el otro, Rato, para el grupo industrial resultante de la fusión, que conformaría con el conglomerado más importante de España. Juan María Nin seguirá como segundo de un banco más grande, suma de Caixabank y Bankia. Y eso sí, Fainé que no quiere prescindir de la naturaleza jurídica de caja de ahorros que mantiene La Caixa, seguirá al frente de esta sociedad.
Los problemas siguen siendo dos: la cartera inmobiliaria, especialmente mala la de Bankia, y el elevado número de oficinas y plantilla para dos bancos que operan solo en España. El plan, inicial, claro, porque hablamos de una fusión que depende del que ahora diré: hay que reducir las 8.000 oficinas que suman ambas entidades a 5.000, con la consiguiente reducción de plantilla.
Y aquí llega el problema. Es cierto que el responsable de Economía, Luis de Guindos, es quien apuesta por la fusión y el que está induciendo noticias y reportajes en la prensa nacional y catalana par lanzar una idea que ya estaba en marcha y de la que Hispanidad ha venido dando cuenta durante los últimos meses. Peo el problema de Guindos es el mismo que se encontró con el banco malo: su jefe de filas, Mariano Rajoy –y esto de alabar- se niega a dar un solo euro de dinero público para sanear la banca. Asegura que lo que tiene que hacer es fusionarse sin caer en la cuenta de que las fusiones son más caras que el banco tóxico, que ya es decir.  Si Rajoy se mantiene en su muy loable actitud, tiene que asumir la contrapartida: hay bancos que pueden cerrar. Al mismo tiempo, si cede en la fusión Caixa-Bankia tendrá que ceder con BBVA tragándose a CatalunyaCaixa, y con todos los demás bancos en dificultades que alargarán la mano para pedir: 'That is the question'.

La solución de Guindos consite en las famosas cédulas hipotecarias con aval del Estado. Pero ese sistema, por mucho que se venda, tampoco resulta gratis para los contribuyentes. Ni de broma.
Eulogio López
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