• Ya no se jubilará a los 70, sino a los 75 años de edad, y aún no sabemos si ha renunciado al blindaje.
  • Más ministros y secretarios de Estado abortistas para Mariano Rajoy: Lasalle y Méndez de Vigo. Los providas pasan de ultras a friquis.
  • Feliz, pero, sobre todo, Santa Navidad.

Esta es una historia de la crisis pero no es historia de Navidad: no es bella, aunque, eso sí, resulta muy instructiva.

Hispanidad ya lo adelantó en su momento, el 15 de noviembre: el presidente del BBVA, Francisco González (FG) ha retrasado la fecha de jubilación de los consejeros desde los 70 a los 75 años, mayormente para dar ejemplo de la política de PSOE y PP, que consiste en retrasar la edad de jubilación de los españoles porque no hay dinero para pagar las pensiones de una población envejecida.

FG está dispuesto a seguir trabajando hasta el final, a morir con las botas puestas. Trabajando… o mandando y cobrando, que son las dos características de la laboriosidad bancaria. Todo sea por sanear el balance de la Seguridad Social.

Nuestro sufrido banquero ya había retrasado la edad del retiro de los consejeros, desde los 65 a los 70, justo cuando cumplió los 62. Ahora, con 67 abriles, demora el cuidado del jardín, desde los 70 a los 75, para que no se diga que lo hizo a última hora. Este muchacho es un gran planificador de su currículum. Por cierto, que el primer retardo, de los 65 a los 70, provocó que su consejero delegado, José Ignacio Goirigolzarri, uno de los mejores ejecutivos bancarios que haya tenido España, pusiera el grito en el Cielo, harto de esperar su turno. FG atendió atentamente su justa reivindicación y luego le cesó de forma fulminante, tras ofrecerle -con dinero del banco, naturalmente- una jubilación que roza los 4 millones de euros anuales para que no abriera la boca.

Ahora, a sus 67 años (FG, no Goiri), con tres años de anticipación, y semanas antes de que tenga que confesar sus emolumentos –es el segundo banquero que más cobra de España, después de Alfredo Sáenz- ha decidido retrasar su integración en las clases pasivas por ocho años más.

No sólo eso: tendrá que explicarnos también cuanto se llevará de jubilación, que ya roza los 90 millones de euros y si ha renunciado o no –tal y como le solicitó en su día Rajoy, para que no le saquen los colores en el parlamento pues se trata del 'banquero del PP'- a su blindaje. Prometió a don Mariano que lo haría cuando dicho blindaje alcanzara la no despreciable cantidad de 80 millones de euros. Para un personaje que apartó a Emilio Ybarra, a todo Neguri y a un montón de empresarios que habían invertido su dinero, el mismo que ha devaluado la acción del BBVA y el patrimonio de sus accionistas a la mitad, no está nada mal, oiga usted.

FG se siente bien de salud y todos nos congratulamos por ello. Ha anunciado la prórroga de su vida activa, tal y como adelantamos en este diario, tras la victoria de Rajoy y en vísperas de Nochebuena, según el estilo de la casa: cuando la gente se marcha de vacaciones para que los gritos se conviertan en murmullos. Murmullos de los vips, quiero decir, porque de los medios informativos tradicionales no esperen muchas críticas: los tiene comprados a todos. El BBVA invierte aún más dinero que el Santander en domesticar a la prensa.

Y lo hace, fíjense bien, el hombre que ha utilizado justamente eso, el muy deontológico límite de edad, para fumigarse a todos los consejeros y ejecutivos que podrían hacerle sombra, el que 'dimitió' al precitado Goirigolzarri y a muchos otros ejecutivos antes de los 50 años, con contratos pagaderos en el tiempo y con la condición de que no cobrarán sus jubilación si trabajan donde a FG no le interesa. No esperen ustedes ninguna crítica de los guillotinados. Ya no tienen cabeza para criticar pero sí bolsillo que defender.

González ha esperado a que Rajoy esté en La Moncloa por dos razones: para no molestar a su amigo don Mariano y porque ha fracasado en su intento de convertirse en vicepresidente económico del Gobierno. Eso sí que le hacía ilusión y por ese cargo sí que habría cedido el mando de la nave a Rodrigo Rato, mediante una fusión entre BBVA y Bankia.

Ahora no está por la labor. Y eso que fue Rato quien le convirtió en banquero cuando, en calidad de vicepresidente económico del Gobierno Aznar, le aupó a la Presidencia de Argentaria, entonces propiedad del Estado, a pesar de no poseer la menor experiencia en el negocio, pues FG era, y sigue siendo, un intermediario bursátil, también conocidos como especuladores.

FG es el prototipo de empresario, en este caso banquero –que muchas veces se convierte en enemigo del emprendedor- para el que la empresa es un medio y él, justamente él, el fin.

Y la noticia -bromas del destino- llega a los pocos días de que otro empresario, el presidente de Mapfre, José Manuel Martínez, que ha convertido a la aseguradora en una de las más sólidas multinacionales españolas, se negara a incumplir la norma de jubilación de directivos a los 65 años de edad y haya cedido su puesto a Antonio Huertas. Por supuesto, Martínez cobra la décima parte que FG y se marcha sin contratos especiales de jubilación y sin blindaje.

Más ministros y secretarios de Estado abortistas para Mariano Rajoy. Los próvidas pasan de ultras a friquis

Ilustrativa historia para tiempos de crisis, de crisis moral. La plataforma Hazteoir y su filial en defensa de la vida del niño no nacido, Derecho a Vivir, han tenido el coraje de manifestarse ante el Palacio de la Moncloa durante el primer Consejo de Ministros del Gobierno Rajoy.

Esto ocurría a las puertas del Coplejo presidencial mientras, en el interior, se celebraba la primera rueda de prensa con un portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría. La primera regla de un portavoz es aquella que dice que "quien habla miente", desgraciado aforismo, desgraciadamente cierto. Veamos por qué.

Los comentarios en la atestada rueda de prensa monclovita obedecían al ambiente políticamente correcto que reina en las redacciones de los medios informativos españoles tradicionales: prensa, radio y TV. Una redactora comentaba: "Ya están ahí los friquis de los antiabortistas". Es curioso porque hablar de los antiabortistas es como hablar de los antisida o los anticáncer, o los antipobreza. Se trata de "antis" que resultan de lo más positivos.

En cualquier caso, no está mal el cambio, porque los defensores de los más inocentes e indefensos hemos pasado de ultras a friquis: no me negarán que representa todo un avance.

En la rueda de prensa, el único que pregunta por tan lamentable cuestión es un redactor de la Ser, uno de los medios más abortistas de España. Esto refleja algo un poco triste: los del mercado de la muerte están crecidos, controlan la calle y la opinión pública, mientras los provida parecen esconderse de la tormenta, del ambiente dominante. Naturalmente, quiere saber si el PP va a eliminar el "derecho al aborto", base de la democracia parlamentaria. Los escasos redactores partidarios de la vida probablemente no se atreverían a formular esa pregunta.

Y entonces doña Soraya se lanza en plancha. Sin ruborizarse, la todopoderosa vicepresidenta asegura que Mariano Rajoy es un defensor de la vida (sic) y que el PP es un partido que cumple su promesa electoral de defenderla (¡¡¡…!!!), así como "la seguridad de la mujer". ¿Qué seguridad? ¿La seguridad para matar a su propio hijo?

A los tibios siempre les ocurre lo mismo: no consiguen ni lo que exponen ni lo que ocultan. Y así, durante el Aznarato, el aborto se multiplicó en España. El quirúrgico, por omisión vergonzante y acomplejada de José María Aznar, y el aborto químico, que comenzara su orgía genocida en España bajo la gobernanza –precioso término- de la derecha pepera.

Es el mismo consejo de ministros en el que se anuncia el nombramiento de dos secretarios de Estado abortistas: el de Cultura, José María Lasalle –quien gusta definirse como 'alma laica'- y el secretario de Estado para Europa, Íñigo Méndez de Vigo.

El aborto es mucho más que el aborto. Sobre todo para el PP, que vive en una contradicción permanente sobre la cuestión: defiende la vida con sus palabras y fomenta el infanticidio con sus hechos.

Toda la verborrea sobre libertades  de un partido político suena a hueca cuando ese partido, o ese gobierno, no defiende al inocente, es más, cuando lo masacra.

Y, en contra de lo que piensa el tivio Rajoy, esta historia no es fatalista: en breve, la humanidad de la era más abortista de toda la historia caerá en la cuenta de que ha protagonizado el mayor genocidio –ríase usted de nazis y estalinistas- de toda la modernidad, que no otra cosa es el aborto y la utilización de embriones humanos como cobayas de laboratorio. Con el aborto no hay libertad ni hay democracia y quienes ahora suenan a friquis, serán considerados los héroes del momento por la próxima generación, la misma que se golpeará el pecho ante la sofisticada barbarie perpetrada por sus padres, esto es, por nosotros.

El siglo XXI será el siglo de la vida o sólo será un pandemonio. No lo duden, quienes ganarán la batalla final serán los friquis que vociferaban en la afueras de la Moncloa un 23 de diciembre de 2011. Los perdedores serán los instalados: los homicidas del PSOE, los tibios-homicidas del PP, los editores y periodistas aborteros y, en suma, el poder. El actual, que no el futuro.

Feliz, pero sobre todo Santa Navidad

El mundo institucional y corporativo (en plata, políticos y empresarios) felicitan las pascuas de la Encarnación de dos maneras: o Felices fiestas –la más habitual- o Feliz Navidad, a la que ya se intenta poner sordina. La expresión lógico es la desear una Santa Navidad.

Y esto, no por una cuestión religiosa sino por una cuestión de lógica. En Navidad celebramos que Dios se encarna en un personaje histórico, entra en el  tiempo, conocido como Jesús de Nazaret, siglo uno de nuestra era. En resumen, celebramos el cumpleaños de Cristo. 

Eres libre para afirmarlo o para negarlo, para creerte el misterio o para impugnarlo. Pero si no te lo crees estás festejando una quiera, y eso sólo lo hacen los tontos. Una fiesta no es más que una efemérides, si no hay efemérides, no hay fiesta.

Los judíos no creen en Cristo. Días atrás, asistí a una celebración en Madrid, convocada por el embajador hebreo en España, Alon Bar, un tipo simpático. El festejo del año nuevo el "Rosh Hashaná" suele festejarse en septiembre-octubre, pero la embajada se ha 'aclimatado' a la tradición española del fin de año occidental. No me pareció mal y brindé por ello. Y no me preció mal porque quien no cree en la Navidad tampoco tiene por que celebrarlo. Celebran el fin de año laboral y asunto terminado. Lo otro, es prostituir la efemérides.

Así que nada de Felices Fiestas ni tan siquiera del más lógico Feliz Navidad. En todo caso, deseemos una Navidad Santa o quedémonos con el próspero año Nuevo, más vacío pero más coherente.

¿Cómo puede festejar la Navidad un católico? Pues acudiendo a la Misa del Gallo, espléndida tradición hispana, y, no siendo un hortera.

Eulogio López

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