Tras la divulgación, por el presidente francés François Hollande, de la ley que permite a personas del mismo sexo a casarse y a adoptar chiquillos, los defensores del matrimonio formado por un hombre y una mujer han tomado las calles galas en protesta por dicha ley que degrada el matrimonio y destruye la familia que es la célula en la que se asienta la sociedad. En esta multitudinaria manifestación se han concentrado más de un millón de personas.

Por otra parte, una campaña publicitaria difundida por una cadena de hoteles ha lanzado un mensaje positivo: "Nos une el compromiso". En la imagen aparecen un hombre y una mujer recién casados y, aún con el vestido de boda. Deseo felicitar a esta empresa por lo acertado del mensaje.

Así mismo, el pueblo californiano ha manifestado públicamente su voluntad de que el matrimonio sea entre un hombre y una mujer.

Sin embargo, los enlaces civiles de homosexuales son, ante la ley, matrimonios en todo menos en el nombre. Las parejas homosexuales estables, como las demás uniones de hecho, conservan asimilaciones con los matrimonios en lo que se refiere a la convivencia y a sus secuelas. Pero permanece una gran oposición: dos jovencitas o dos varones no pueden engendrar hijos: solo pueden ser padres legales de un mismo chiquillo, mediante la adopción.

En Estados Unidos únicamente toleran el matrimonio entre personas del mismo sexo cuatro Estados: Massachussets, Connecticut, Vermont y Maine. El balance actual sigue arrojando una mayoría absoluta de estados que, en sus constituciones, solo aprueban el matrimonio entre hombre y mujer.

La primicia de los últimos meses es que, por primera vez, la legitimación del matrimonio homosexual no ha sido por fallo judicial sino por decisión del Parlamento. Así ha sucedido, primero en Vermont y luego en Maine. New Hampshire puede ser el tercer caso. Sigue siendo verdad, en cambio, que el matrimonio entre personas del mismo sexo, nunca ha sido sancionado por votación popular: hasta ahora, siempre que se ha sometido a referéndum, han perdido. Los estadounidenses prefieren el matrimonio entre un hombre y una mujer.

La institución matrimonial está padeciendo ataques de aquellos que pretenden independizarla de la ley natural. Ya no se aprueba la protección de la familia y sí normas infames que, al minar las raíces de la sociedad, aceleran su desintegración. La familia es el cimiento de la vida social. El futuro de la humanidad se fragua en la familia.

"El secreto de la felicidad conyugal consiste en exigir mucho de sí mismo y poco de la otra parte", afirma Albert Guinon. 

Clemente Ferrer

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