Resulta que el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha escrito una carta animando a sus parroquianos a huir de la fornicación. Y esto es grave.

Tan grave es que las televisiones, por ejemplo, Cuatro, se han visto obligadas a afearle su conducta cavernícola con un despliegue que incluía una encuesta callejera:

-Oiga que ha dicho el obispo que no hay que fornicar: ¿usted qué piensa?

¡Señor, Señor, no sé qué vamos a hacer con tus obispos!

Me encantan los escándalos de la progresía porque resultan aún más cursis que los escándalos ñoños de un pasado que no llegué a conocer. Veamos: según la Real Academia de la Lengua, fornicar significa "tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio". Por tanto, no parece muy extraño que un obispo de la Iglesia, partidaria, no ya del matrimonio, sino del matrimonio católico, aconseje no fornicar.

Es más, fornicar es la coyunda perpetrada tras ponerle los cuernos a alguien, sea pariente o parienta, lo sea éste o ésta, estén casados por la vía canónica, civil o militar. Y hasta estoy convencido de que el locutor de Cuatro que con tan sardónica sonrisa nos refería la salida de pata de banco del obispo Fernández, también animaría a todos, cristianos, ateos y mediopensionistas, a huir de lo que supone una infidelidad al compromiso otorgado y a la palabra dada. Nuestro locutor también debería haber gritado, codo con codo con el señor obispo: Sí, huid de la fornicación, queridos amigos, cosa mala y perversa, especialmente, no vaya a ser que la fornicadora sea, por ejemplo, la señora esposa del señor locutor.
¿Y si nos están casados? ¿Deben fornicar? Pues mire usted creo que tampoco nos gusta en exceso. A ninguna pareja, casada o no, le gusta que le pongan la cornamenta, porque se entiende que la fidelidad no sólo constituye la base del matrimonio sino la base de cualquier convivencia entre hombre y mujer.
¡Ah!, pero si se trata de fornicio entre solteros no comprometidos entonces no hay problema. Yo creo que sí lo hay porque si vivimos en tristeza social generalizada es, precisamente, por trivializar el sexo, pero eso no viene al caso ahora. Católicos, ateos y mediopensionistas con un adarme de sentido común, consideran que no se debe fornicar con el primero -o primera, que no quiero caer en sexismo- que te encuentres por la calle.

Verbigracia, el mismo canal no trató con la misma orientación el caso del tarraconense detenido por fornicar con una menor de 15 años durante 3 años (hasta que tuvo 18 años y se cansó del fulano, momento en que empezó a chantajearla. En este caso, ese nudo de contradicciones que es la progresía, que insistía en que el problema es que se trataba de una menor. Pero muchachos, una chica de 15 años, mucho menos de 18, no es una menor a efectos legales para mantener relaciones sexuales, esto es, para la cosa de la coyunda. Desde los 13 abriles cualquier menor puede mantener –dice nuestra muy progresista norma- relaciones sexuales consentidas con quien le venga en gana.
Animamos a los adolescentes, y hasta a los niños, a fornicar pero luego no nos agrada verles en acción y nos rasgamos las vestiduras por casos como el tarraconense rijoso. Y si la protagonista fuera la hija adolescente del redactor, seguramente chillaría con don Demetrio: "Huid de la fornicación".
Sin embargo, miren ustedes por dónde, cuando un obispo habla claro y asegura, lo que aseguraría cualquier padre –o madre- de familia con dos dedos de frente, esto es, que conviene huir de la fornicación, del sexo sin amor o entrega alguna, entonces el progresista Canal Cuatro diseña un reportaje burlesco sobre el atavismo clerical: ¡Qué cosas!

Eulogio López
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