No tiro la toalla, sin duda hay margen para ganar. Es la frase del día, producto de la entrevista televisiva de Casimiro García-Abadillo al presidente del Gobierno.

 

Y lo malo es que el cazurro ZP resiste e insiste: es un hombre pegado al sillón de La Moncloa y aunque los felipistas, encabezados ahora por su segundo, Rubalcaba, le han pedido que dimita el próximo fin de semana, ZP se resiste como gato panza arriba. Rubalcaba insiste en que necesita ser presidente durante un año hasta las Generales de 2012 y que con el presidente más quemado de la historia de la democracia, a quien todos consideran una peste para el país, no hay manera de ganar. Debería irse justamente ahora, tras aprobar el anteproyecto de reforma de las pensiones, lo que le permitiría marcharse como un reformador, con la cabeza alta, que cede su cargo a Rubalcaba, el hombre que le impuso Felipe González para firmar la paz entre zapateristas y felipistas... lo que no se ha conseguido.

Su tesis es después de mí el diluvio. Espera ZP que doña Ángela Merkel bendiga sus reformas -más bien reformitas- a mayor gloria de los especuladores alemanes en deuda pública española y seguir aguantando. Sólo él piensa que puede remontar las encuestas, y sólo le apoyan aquéllos cuyo cargo depende de su lealtad al líder: el lobby feminista (Elena Salgado, Leire Pajín, Trinidad Jiménez, Bibiana Aído) y personajes a los que el felipismo no acepta, como Pepiño Blanco, Miguel Sebastián, José Antonio Alonso o Carme Chacón.

La viva imagen de la política española se vivió el lunes en el restaurante El Frontón, ubicado en la calle Velázquez. Todo el reservado más que reservado para dos comensales: Felipe González y el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, felipista de pro. El pobre ceutí apenas comió. Se pasó todo el almuerzo escribiendo en un bloc, tomando notas de lo que el maestro, que se dirigía al discípulo con los ademanes vehementes que le son propios, señalando con el dedo índice qué cosas eran importantes y cuáles deberían ser acotadas.

No, la lucha política no es ahora entre PSOE y PP; sino en el interior del PSOE.

Ni problemas familiares ni fracasos políticos: ZP se quedará mientras no le echen. ¿Que por qué nombró entonces a Rubalcaba? Por dos razones: cuanto más cerca del peligro más lejos del daño y porque pretenden, y siguen pretendiendo, que sea su segundo quien se abrase ante los focos y las cámaras.

Puede salirle bien o salirle mal, puede aguantar o ceder las presiones felipistas pero lo que es seguro es que los que lo pagaremos seremos los españoles.

Eulogio López

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