• Eso supone integrar Telefónica y Repsol en Caixa.
  • Con ello, además, podría mantener la obra benéfico-social, la más generosa -casi la única- que queda ya en España.
  • Con permiso de Basilea, naturalmente, y del Gobierno español, al que sólo le interesan los bancos-sociedad anónima.

El presidente de Caixa, Isidro Fainé, camina en dirección contraria a la que marca el sistema y, en general, lo políticamente correcto. Mientras las normas del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS) imponen la desaparición de la gloria financiera española, las cajas de ahorros, y no toleran que en el universo financiero haya otra cosa que bancos-sociedades anónimas, este catalán se empeña en que La Caixa siga existiendo.

El nuevo Orden Mundial (NOM) en versión financiera -muy importante- impone que no existan otra serie de instrumentos financieros que los grandes. No sólo se conforma con admitir sólo bancos sino, además, impone bancos grandes, un oligopolio de mega entidades. Es lógico, siempre es mejor pactar con pocos grandes que con muchos pequeños, que resultan ingobernables.

Concretando, Basilea (en la imagen su sede central) odia dos cosas: las participaciones industriales de la banca y la obra social de las cajas. Odios compartidos por los gobiernos europeos, a quienes sólo gustan los bancos depredadores de la industria -por ejemplo, a través del capital riego- y de la especulación financiera.

Pues bien, el presidente de Caixa y Caixabank, Isidro Fainé (en la imagen), se ha empeñado en justamente lo contrario. De entrada cuando Basilea y el Gobierno español le obligaron a convertirse en banco no 'cerró' La Caixa. De hecho La Caixa sigue existiendo como entidad mutual propietaria del banco Caixabank. De más de cincuenta cajas de ahorros existentes en España, se puede decir que quedan La Caixa, Onteniente y Pollensa: sean loadas las tres. Y, lo que es más importante, Caixa dedica 500 millones de euros anuales a la obra benéfico-social.

Segundo reto de Fainé: mantener el grupo industrial. Ahora mismo, Gas Natural y Abertis penden de Caixa mientras Repsol y Telefónica de Caixabank, bajo el epígrafe 'listas para la venta', un eufemismo de Basilea. Pues bien, la idea de Fainé consiste en no vender ni la petrolera ni la teleco e insertar esas empresas en el grupo industrial La Caixa. Una especie de corporación industrial. Es decir, apurar la principal labor histórica de las hoy denostadas cajas de ahorros: ser la referencia accionarial de industrias estratégicas y evitar su deslocalización y venta a multinacionales.

Basilea y el Parlamento se lo van a poner difícil. Por el bien del país, esperemos que lo consiga.

Eulogio López

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