Dicen que el 90% de los mexicanos son cristianos y el 110% son guadalupanos. Hoy, festividad de la Virgen de Guadalupe, advocación mariana a la que se venera como patrona de todo el mundo hispano, procede recordar el sincretismo religioso que reina en la América hispana.

Si ayer hablábamos de la profunda espiritualidad de Nicolás Maduro, 'el hereu' de Hugo Chávez, hoy tenemos que referirnos a otro prodigio de la política hispana: el presidente de Bolivia, Evo Morales (en la imagen). Para liberar al cristianismo rancio impuesto por los conquistadores genocidas, es decir, los españoles. Morales, quien ya antes de acceder al poder había rendido tributo a la madre coca, accedió al cargo con una acto de gratitud a Pachamama (la madre tierra, diosa de la vegetación y la fertilidad).

Y el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, educado en Estados Unidos, juró su cargo como máximo mandatario del Ecuador ante los caciques indios y se echó en manos de los espíritus de los Andes para que le ayudaran en sus tareas de Gobierno.

Y no será el Gobierno Rajoy, tan amante de la diversidad, quien apoye la nueva cosmovisión de las antiguas colonias españolas. Tanto es así, que, por ejemplo, don Evo, días atrás de visita en España, que nos ha nacionalizado Red Eléctrica, y que día sí, día también, nos pone como no digan dueñas, el fiel creyente de Pachamama. Quien recibiera la promesa de Rajoy de que Bolivia seguirá siendo objeto predilecto de la cooperación española al desarrollo.

Eso sí, por el momento, don Mariano no se ha visto obligado a encomendarse a los espíritus de los Andes. Ni a Pachamama. Menos mal que los españoles fuimos unos genocidas en Iberoamérica, que si no...

Eulogio López

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