Todo el mundo parece mostrar una cierta actitud pesimista de cara a la Cumbre Europea que comienza este jueves. Yo también.

Porque lo de menos es que España pida o no el rescate, que evidentemente no debería pedir. Lo que debería es salirse del euro o de quedarse, pero con la condición de que la Eurozona cambie de modelo, bajo el principio de "una sola máquina de hacer dinero un solo Tesoro que emita deuda pública". Y si no, pues sigamos con el proyecto europeo -político y comercial- y dejemos de lado la unidad monetaria.

Porque ahora mismo, Eurolandia no es otra cosa Aleuropa. No son 17 países sino un país como Alemania, que utiliza a los otros 16 como protectorados.

Como los españoles somos masoquistas, interpretamos que los alemanes, pobriños, están cansados de dar dinero a los pobres. Mire usted, Alemania sólo da dinero en el presupuesto común europeo, que está paralizado. En la Eurozona, Alemania, capitaneada por Angela Merkel (en la imagen), como el BCE, no da dinero, lo presta. La diferencia entre una donación y un préstamo consiste en que una donación es un regalo, mientras que un préstamo en un negocio del prestamista, que exige al prestatario no sólo la devolución del capital sino, además, intereses.

¿Que estoy describiendo una obviedad? Claro, pero, al parecer, al Gobierno español y a los tertulianos y editorialistas patrios, con su complejo de inferioridad a cuestas, les cuesta entenderlo.

Y luego está la impunidad germana. Aún dentro de los parámetros de la actual, e injusta, Unión Monetaria, se acuerda en el Consejo de junio que el Banco Central o los fondos europeos alivien el riesgo-país de España e Italia y Alemania acuerda pero luego no cumple e incluso sabotea los acuerdos. ¿Entonces?

En el actual estado de cosas, lo lógico no sería echar a Grecia del euro sino expulsar a Alemania. Porque los germanos amenazan con volver al marco pero créanme: no lo harán salvo cuando vean que ya no pueden esquilmar más al resto.

Eulogio López

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