¿Qué es un banco bueno? El que la señora Merkel diga que es bueno. Cuando usted lea estas líneas probablemente ya se conocerá el resultado de las pruebas de estrés de 90 bancos europeos de 21 países, examen perpetrado por la Autoridad Bancaria Europea (ABE).

De entrada, los alemanes han dicho que no les da la gana ser investigados, especialmente en sus bancos regionales -lo más parecido a nuestras cajas de ahorros-. En concreto, el banco más cuestionado, Helaba, ha decidido que no le gusta el método de análisis de la ABE y que a ellos no les califica nadie... que no sea alemán. ¡Pero qué cara más dura tiene usted, doña Angela!

Por cierto, son esos bancos regionales los que históricamente han participado en las grandes corporaciones alemanas y evitado que fueran opadas, lo mismo que las cajas de ahorros españolas. La diferencia es que, con la reforma financiera de las cajas, es el propio Gobierno español quien obliga a las cajas de ahorros a vender sus industrias para recapitalizarse.

Hablando de recapitalizar. Todo el análisis de la ABE y, lo que es más importante, toda la arquitectura financiera diseñada por Basilea III, hace depender la solvencia bancaria de la capitalización. La verdad es que un banco muy capitalizado no es un banco bueno sino un banco grande. El banco bueno es el que tiene poca morosidad y bien distribuido el riesgo, independientemente de su tamaño. Pero es que, además, la banca española se distinguía del resto de sistemas europeos -además de en ser más solvente- en la existencia de las llamadas provisiones anticíclicas, un dinero que se obligaba a detraer de los resultados por si venían mal dadas. Es decir, capital propio en estado puro, sin apelar a los mercados, sacado del propio negocio. Una idea en verdad excelente que minoraba el dividendo y fortalecía al sistema.

Pues bien, los bancos han suplicado al Gobierno, en concreto a la vicepresidenta económica Elena Salgado y al gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez que se les permitiera computar como capital estas provisiones pata negra. La indolencia cainita de Salgado y MAFO y el hecho de que España no pinte un pimiento ni en Europa ni en Occidente, terminó en que no se les hizo ni caso. Como dicen los italianos: si los españoles tenían provisiones genéricas por algo sería.

Pues bien, ahora viene Salgado, una día antes de entregar las notas de los exámenes y asegura que la ABE debió tener en cuenta las provisiones anticíclicas. ¡A buenas horas, doña Elena!

Eulogio López

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