• El presidente, un político del antiguo régimen, está paralizado por la crisis.
  • Es el momento de bajar los impuestos y subir los salarios bajos.
  • Sobre todo, reducir los impuestos directos y los laborales.
  • Y es el momento de crear impuestos contra la especulación financiera.
  • La contrapartida consiste en reducir el tamaño del Estado y las prestaciones públicas.
  • Lo más grave de la actual coyuntura económica española es que está cayendo el número de trabajadores autónomos, o sea, de cuentapropistas.
  • Sobran instituciones pero, sobre todo, sobran políticos.

Está claro que la receta contra la crisis consistente en reducir el déficit público a costa de aumentar impuestos y reducir salarios ha fracasado. El Gobierno de Mariano Rajoy es un ejemplo paradigmático de esta política. Es cierto que recibió una herencia envenenada y mentirosa de Rodríguez Zapatero, un personaje curioso al que todos desean olvidar, pero eso no quita que, con su actitud de político del antiguo régimen, seguidor de los dictámenes germanos, ha condenado a España a una recesión duradera.

Llegó al poder con el ADN de un partido conservador: reducción de impuestos Los españoles aceptaron su primer revés, la subida del IRPF, pero ahora empiezan a comprender que tras la forzosa y durísima reducción del déficit sólo se esconde una política permanente de impuestos bajos y salarios bajos. Como buen político al antiguo régimen, su principal objetivo consiste en permanecer, sólo que Rajoy considera que la forma de permanecer consiste en seguir la línea dominante que marca Alemania. Craso error, como puede verse en Grecia.

En cualquier caso, el modelo de política económica impuesto por Berlín comienza a ponerse en duda, especialmente en España e Italia. La sospecha que se abre paso es la de que el camino correcto sea precisamente el contrario.

Es decir, reducir impuestos y subir los salarios bajos. Sobre todo reducir los impuestos que graven empleo, especialmente las cuotas sociales, e intercambiarlos por IVA. Todo ello, claro está, a cambio de reducir las prestaciones públicas y el tamaño del Estado donde no sólo sobran instituciones, sobre todo sobran políticos.

Al final, la necesidad de este giro copernicano en policía económica se deja ver en la caída de trabajadores autónomos, es decir, de aquello que han aprendido a valerse por sí mismo -que diría Margaret Thatcher- y se niegan a depender del Estado, esto es, a depender de los demás. El número de autónomos, los únicos capaces de superar la crisis, decrece de forma alarmante, mientras la política económica de Rajoy se lo pone cada vez más difícil, con más impuestos, menos margen y sin acceso al crédito.

Al mismo tiempo, se retrasa la aplicación de la Tasa Tobin, para detener el flujo de especulación financiera. Pero lo cierto es que todo Occidente debe elegir entre promocionar al emprendedor o al rentista. Y lo justo es promocionar al primero.

Es lo que no ha hecho Rajoy y cuando aún no lleva ocho meses en Moncloa, resulta que los españoles ya no repudian al PP, partido de derechas –entre otras cosas porque se están haciendo de derechas, de derecha económica- sino porque repudian a Mariano Rajoy un hombre paralizado por la crisis económica que, a osta de buscar tan sólo la permanencia, está llevando a España a una recesión en la que no se ve la luz al final del túnel. España ya no cuestiona a la derecha, cuestiona a Rajoy

Eulogio López

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