• La amistad entre SM el Rey Juan Carlos y el presidente ruso, Vladimir Putin, clave en la operación.
  • Es una consecuencia del conflicto de Ucrania.
  • Las seis plantas regasificadoras con las que cuenta nuestro país son esenciales para un posible acuerdo.
  • Si el gas ruso surte a Europa central desde España, Putin daría trabajo a los astilleros para sus metaneros y rompehielos rusos: fabricación y reparación.
  • Si Navantia logra prepararse tecnológicamente para ello.
  • Y lo más importante: que los franceses acepten aumentar los gasoductos que desde España surten a Centroeuropa.

La crisis de Ucrania puede beneficiar a España, un país que no produce gas pero con infraestructuras gasísticas ahora infrautilizadas. Sobre todo, cuenta con seis plantas regasificadoras que ahora pueden poner en valor (y perdón por el topicazo).

El gas ruso, principal producto del mundo junto a Irán, es necesario para Europa. Por ejemplo, para Alemania. Putin está dispuesto jugar esa baza con ayuda de España. El presidente ruso ha hablado del proyecto con el Rey de España (ambos en la imagen). Se trataría de licuar gas ruso que llegaría a España para ser regasificado y desde España surtir a Europa central. Enagás sería una de las claves. La otra, Navantia.

En definitiva, Rusia ampliaría sus mercados y, a cambio, estaría dispuesta a que Navantia, los astilleros públicos, que sin pedidos irían a la quiebra, atendiera a su flota de metaneros e incluso rompehielos rusos. Incluso también podría fabricarlos, aunque para ello, Navantia tiene que invertir en infraestructuras y tecnología.

Navantia está negociando una fusión con los astilleros públicos italianos y franceses, como ya hemos adelantado en Hispanidad, pero el proyecto ruso le supondría carga de trabajo y un nuevo horizonte mucho más despejado. En cualquier caso, ambos proyectos no son incompatibles.

El gran problema es Francia. España puede recibir gas argelino por dos gasoductos y regasificar el gas ruso, pero para llevarlo a Europa necesita pasar por Francia. Y Francia no está por la labor. Defiende su Gaz de France y no quiere que se amplíen los dos pequeños gasoductos ya en funcionamiento y un tercero, el Midcat, que más que duplicaría la capacidad actual. Pero a Francia también puede interesarle el proceso. Sobre todo, sumándose a él. De esta forma, Europa se regaría con dos combustibles traídos de zonas tan distantes como Rusia y Argelia.

Miriam Prat

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