La Generalitat le ha pedido un crédito de 5.000 millones de euros al Estado central porque no puede pagar los vencimientos de su deuda. La diferencia con Europa es que el Gobierno central -centralista, 'of course'- compra deuda catalana mientras Bruselas tendría que comprar deuda española.

El portavoz de la Generalitat, Françesc Homs, controlada por los nacionalistas de CIU, asegura que no dará las gracias porque ese dinero "es en buena parte de los catalanes". Tiene toda la razón el portavoz nacionalista en esta segunda aseveración, que no en la primera. Debería dar las gracias porque es una muestra de solidaridad del resto de los españoles con los catalanes.

Pero, ¿es que no nos damos cuenta de que toda esta discusión sobre el euro y la periferia, así como sobre las balanzas fiscales es ridícula? A efectos fiscales un país es como una familia. Los padres aportan los ingresos pero el dinero es de todos porque los disfrutan todos: padres, que aportan más, e hijos, que aportan menos, por lo general nada. Si los catalanes pagan más -y no son los que más pagan al fisco- y compensan que los andaluces, por poner un ejemplo, paguen menos, es porque todos dependemos de la misma caja.

Es más, en el caso del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) lo que el resto del Estado -es decir, el conjunto de los españoles- estamos pagando -bueno prestando- a la Generalitat es deuda. Esto es: algo de responsabilidad cabe atribuir al Tripartito catalán, que es quien dejó exhaustas las arcas públicas catalanas, lo mismo que ocurrió con Valencia y Murcia, que se endeudaron más de lo que debían.

Por lo demás, el problema autonómico no es de competencias sino de instituciones y de políticos: sobran las unas y las otras. El Gobierno catalán ha hecho un enorme y loable proceso de austeridad. El único problemilla es que ese proceso ha recaído sobre los catalanes, que ahora pagan más sus medicinas y han perdido poder adquisitivo y empleo. No, lo que precisan las autonomías no es una vía de financiación sino una dieta de adelgazamiento: sobran, como en el resto de España, cargos políticos, mucho más que funcionarios.

Estamos ante un debate falso y ante un enfrentamiento cainita entre españoles que sólo nos conduce al desastre. Es decir, a que nos tomen el pelo desde el exterior los extranjeros, por ejemplo los de la Unión Europea, y lo dice el abajo firmante, que es tan europeísta como el que más.

Dejémonos de debates cainitas e inútiles, que no está el horno para bollos.

Eulogio López

[email protected]