Dedico este artículo a los pelmas -perdón, insistentes- que en la red me acusan de haber añadido un quinto elemento a los llamados valores no negociables de Benedicto XVI.

 

En su carta sobre la eucaristía el Papa alude, es cierto, a cuatro: vida, familia, Libertad de enseñanza y bien común y esta vez no cito el derecho a la libertad religiosa. Cierto, pero otras muchas veces se ha referido -al igual que su antecesor, Juan Pablo II- al derecho a la libertad religiosa como pilar fundamental de las libertades. La última, ante el cuerpo diplomático acreditado ante el Vaticano: Noticias Globales lo cuenta mejor que yo.

Y es que los ataques a la libertad religiosa -en plata, la persecución de los cristianos- se han disparado en el mundo. Y es que, sin libertad de culto, no hay libertad. Quizás por aquello que decía Clive Lewis: es fácil agradar a Dios pero es muy difícil satisfacerle. Cristo es exigente y la libertad es sólo el comienzo de esa exigencia.

Eulogio López

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