• El primer ministro, ya presidente, airea en su primer discurso un talante más moderado para sumar apoyos.
  • Muchos turcos no olvidan su viraje autoritario de los últimos años o que volviera a la censura de las redes sociales.
  • Encima, aspira a perpetuarse en el poder hasta 2023, para sacar tajada al centerario de la nueva Turquía de Ataturk.
  • A pesar de ello, Van Rompuy y Barroso se fían: "Confiamos en que mantendrá el papel de la conciliación que exige su nuevo cargo".

El primer ministro de Turquía, Redep Tayyip Erdogan (en la imagen), se ha erigido como nuevo presidente de la República tras aglutinar al 51,8% de los votantes. Así, ha logrado colocarse muy por delante de sus dos rivales, el representante del Partido Popular Republicano, Ekmelddin Ihsanoglu (38,4%), y el candidato kurdo del Partido Movimiento Nacionalista, Selahatin Demirtas (9,7%). Debido a la gran suma de votos alcanzada, no es necesaria una segunda vuelta, por el que el líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) tiene ya vía libre para consumar su proyecto islamista (¿tiene de verdad el trasfondo democrático del que presume). En su primer discurso, Erdogan ha aireado el inicio de "una era de reconciliación social" y ha querido dejar clara su presunta voluntad integradora: "Movilicemos nuestra energía en favor de una nueva Turquía". Además, aspira a mantenerse en el poder (como primer ministro o presidente) más allá de 2023, con lo que coincidiría con el centenario de la Turquía fundada por Ataturk.

Pero hay algo claro: los hechos de los últimos años no le avalan. Hace poco más de un año, el mundo se alarmaba ante la repuesta de las autoridades turcas a las protestas contra la demolición del parque Gezi en Estambul. Lo que pareció inicialmente un conflicto local derivó en una escalada de protestas por todo el país contra la deriva autoritaria de Erdogan. Occidente no tardó en exigir al presidente un uso más proporcionado de la fuerza, y él reaccionó de una manera inaudita, asegurando sin escrúpulos que Turquía era víctima de una "conspiración" procedente del exterior. En esa línea, a Erdogan no le tembló el pulso para cerrar Twitter y Youtube cuando empezó a correr como la pólvora por estas plataformas material que incriminaba presuntamente al Ejecutivo en un escándalo de corrupción, que llegó a salpicar al propio Erdogan.

Sin embargo, en Europa parecen olvidar rápido. El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, no han tardado en felicitar en un comunicado conjunto al nuevo presidente electo. Se han declarado confiados en que el presidente "mantenga el papel de conciliación que implica su nuevo cargo y se esfuerce por aunar a todas las comunidades, creencias, sensibilidades, opiniones y estilos en la sociedad turca". Lo que parece un gesto de ingenuidad se explica, no obstante, por los intereses de Europa en la zona. "Turquía es un socio clave para la Unión Europea: un país candidato que negocia la adhesión a la UE, un vecino, un socio comercial importante y aliado en política exterior", han manifestado los dirigentes europeos.

 

Daniel Esparza

 

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