Con todo respeto a mis queridos amigos de la Agencia Judía de Noticias a lo que ellos asistieron en la catedral de Buenos Aires no fue a un acto interreligioso sino a una eucaristía, en cualquier caso, ceremonia, católica. Y si no fue así… entonces tenemos un problema.

Además, el propio Pablo Reisman, de la comunidad judía argentina, nos descubre que en un momento de la "liturgia católica" el cardenal arzobispo de Buenos aires, Mario Poli, se acercó a dar la paz a los representantes de la comunidad judía argentina, a quien calificó como "nuestros hermanos" hebreos.

Y eso está muy bien. Juan Pablo II calificaba a los judíos como nuestros hermanos mayores en la fe. Era el mismo pontífice que se reunía a rezar con representantes de todas las religiones pero que tenía exquisito cuidado en no mezclar liturgias. No concelebraba la eucaristía, por ejemplo, ni con cristianos no-católicos… porque no se juega con las cosas de comer. Respetar al otro no puede pasar por encima del respeto debido a Dios.

Benedicto XVI, en la misma línea, estuvo junto a un líder musulmán en la mezquita de Constantinopla, después de soportar los desaires del primer ministro Erdogan, pero aclaró que no rezaron juntos a Dios. Cada uno rezó a su dios. Lo otro hubiera sido un gesto muy diplomático pero una bofetada a Cristo.

No, los judíos bonaerenses no participaron en una ceremonia antirreligiosa: participaron en una ceremonia católica, en la catedral católica de Buenos Aires, y el oficiante acudió a ofrecerles el saludo de la paz.

Espléndido, pero no confundamos al personal.

Eulogio López

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