• Abandonan el Consejo de Caixabank, donde el máximo salario posible era 100.000 euros.
  • Eso sí, la norma Guindos les obliga a no compatibilizar ambos salarios.
  • Mientras, La Caixa trata de librarse de los gastos suntuarios de Cívica. Por ejemplo, la sede de Washington de Banca Cívica, el equipo de baloncesto de Cajasol o los cinco tractoristas de Cajaburgos.

Caixabank absorbió a Banca Cívica, producto de la fusión de cuatro cajas de ahorros, liderada por Enrique Goñi (Cajanavarra) y Antonio Pulido (Cajasol) (ambos en la imagen). Es posible que el presidente de Caixabank y el consejero delegado, Isidro Fainé y Juan María Nin, respectivamente, ya se hayan arrepentido de ello. Pero tuvieron que hacerlo, porque Cívica, vendida por el gobernador MAFO como el modelo de saneamiento bancario y de conversión de las cajas en bancos, resultó un fracaso total.

En la junta de accionistas de junio Enrique Goñi y Antonio Pulido entraron como consejeros de Caixabank. Hace dos semanas se convirtieron en ejecutivos del grupo industrial e inmobiliario y ahora dejan de ser consejeros y se quedan como ejecutivos.

Ningún galimatías. La razón es sencilla. Ser consejeros es puesto de mucho lustre pero en Caixa las remuneraciones están limitadas a 100.000 euros, en aplicación de los consejeros provenientes de entidades que había recibido créditos del FROB (Cívica recibió 997 millones de euros). Poco dinero. Luego, vino la norma Guindos de 8 de agosto, que limita a 500.000 euros las retribuciones, precisamente lo que van a cobrar los expresidentes y ahora trabajadores de Caixabank.

Y naturalmente la norma prohíbe compatibilizar los salarios de consejeros y directivos.

En el entretanto, La Caixa trata de prescindir de los lujos de Cívica. Por de pronto está cerrando la oficina abierta por Cívica en Washington, a 400 metros de la Casa Blanca y enfrente del Banco Mundial, algo vital para una entidad nacida en Pamplona.

Por su parte, el sevillano Antonio Pulido, una de las piezas clave del Socialismo andaluz y su control de las entidades de ahorro, tenía un equipo de baloncesto, que ahora hay que desmontar pieza a pieza y empleado a empleado.

Lo mejor fue lo de otra de las fusionadas, Cajaburgos, que tenía en nómina a cinco tractoristas. ¿Para qué necesitaba una entidad financiera a tractoristas? Eso, señores, constituye uno de los misterios de la ingeniería financiera.

Miriam Prat

[email protected]