• La empresa mide el impacto del nuevo marco regulatorio en sus ingresos: 120 millones al año.
  • Hasta septiembre, su beneficio neto ha sido de 308 millones, apenas un 1,5% más.
  • Bruselas negocia con Moscú y Kiev, mientras que no haya guerras del gas como las de 2006 y 2009.
  • Y esa realidad reabre la oportunidad de que España sea una de las puertas del gas para Europa.
  • Francia se niega, pero la realidad es hay países europeos que dependen en un 40% del botón de Gazprom.
  • Pero las tuberías rusas mueren en Centroeuropa y España cuenta con dos gasoductos unidos a Argel y seis plantas regasificadoras.

La presentación de resultados trimestrales de Enagás, este martes, se vuelve a cruzar una vez con un problema de más alcance que un mero balance: la excesiva dependencia de una parte de Europa del gas ruso. Bruselas, que negocia estos días con Rusia y Ucrania, es consciente de ello. Esa realidad plantea también la búsqueda de alternativas. Entre ellas, la posibilidad de que España sea otra de las puertas del gas para Europa, a pesar de la reticencia de Francia. Ya lo planteó Rajoy en Europa a mediados de abril, pero no parecen hacerle mucho caso. Esta cuestión cambiaría el rol de las empresas españolas, no sólo de Enagás. Como ha reconocido su presidente, Antonio Llardén (en la imagen), "España tiene potencial para ser una alternativa al gas ruso".

El beneficio neto hasta septiembre de Enagás ha sido de 308 millones de euros, apenas un 1,5% más que en igual periodo de 2013. Son los primeros resultados en los que la compañía mide el impacto del nuevo marco regulatorio del real decreto de julio. En el último trimestre, fue de 27 millones, aunque la media anual de ese impacto en los ingresos será de 120 millones de euros. Es una de las razones que ha dado la empresa para explicar el Ebitda (resultado bruto de explotación), que se ha reducido un 3,9%, hasta 733 millones de euros. Esa razón y otra: la desconsolidación de BBG y Altamira.

Pero es interesante ver también las inversiones, que han aumentado un 21,3% y suman en el año 546,3 millones porque conectan con el problema medular al que nos referíamos antes: la conexión de Europa con el gas no ruso. Enagás anunció el 30 de septiembre la compra de una participación del 16% de la compañía que desarrolla el proyecto Trans Adriatic Pipeline (TAP). En ese proyecto se contempla la construcción de un gasoducto de 871 kilómetros que uniría Turquía con Italia, a través de Grecia y Albania.

Aumentan, mientras tanto, las voces que plantean la conexión española para suministrar gas a Europa. Aparte del presidente de Enagás, también se ha hecho eco de ello Salvador Gabarró, presidente de Gas Natural Fenosa, cuando señaló que "nos falta unir España con Francia con un gran gasoducto, porque podemos surtir a media Europa". Pero el problema para ello está en la pegas que pone Francia, que quiere convertirse, de la mano de la empresa pública Suez, en el gran distribuidor de gas en la Unión Europea y en el nexo de unión entre el gas ruso y el argelino. En otras palabras, España no pinte nada. Pero España, no hay que olvidarlo, cuenta con dos gasoductos, el de Gibraltar y, especialmente, el Medgaz -que se une a España a través de Argel y Orán-, dispone de seis plantas regasificadoras, casi tantas como el resto de Europa occidental.

Volviendo a la dependencia europea del gas ruso, lo cierto es que resucita cuando se recuerdan las crisis del gas de 2006 y 2009, que influyeron directamente en la UE. Hay varios países europeos que han realizado en las últimas semanas 'test de estrés' para comprobar su grado de resistencia a una crisis, que prueba la enorme dependencia de Rusia. En los casos de Bulgaria, Rumanía, Lituania, Estonia y Finlandia, esa dependencia es de un 40%. En Hungría y Polonia, entre un 30% y del 20%.

Bruselas, con la mediación del comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, intenta estos días poner de acuerdo a los ministros de Energía de Rusia y Ucrania,  Alexander Novak y Yuri Prodan, para 'neutralizar' otra posible guerra del gas. El  invierno se acerca y Europa quiere seguridad. El pasado 26 de septiembre hubo un preacuerdo en Berlín para acabar la disputa hasta marzo, pero falta concretarlo en un protocolo vinculante.

Según el preacuerdo, la UE avalaría el pago de Rusia de 2.000 millones de dólares antes de noviembre y otros 1.100 antes por la facturas atrasadas, y a continuación, Gazprom comenzaría a suministrar el gas a Ucrania.

Mariano Tomás

[email protected]