El presidente norteamericano no tiene remedio. Continúa con su discurso chulesco: "Quien atente contra los Estados Unidos no encontrará refugio en ningún lugar del mundo". Pero insiste en los mismos errores: bombardeará al Califato Islámico que ha ocupado parte de Iraq y parte de Siria pero su objetivo seguirá siendo Bashar Al Assad.

Al mismo tiempo, su inefable secretario de Estado, John Kerry (en la imagen) se entrevistaba con el mandamás de Arabia Saudí, quien está dispuesto -generoso que es él- a ceder parte de su inmenso desierto para entrenar a las fuerzas que se oponen a régimen sirio.

Obama no tiene claro quiénes son los nuestros
Es decir, que Obama, quien estuvo a punto, como en Egipto, de darles el poder en Siria a los del Estado islámico, que ahora asesinan y esclavizan a la población cristiana, bombardea a los enemigos de Al Assad al tiempo que apoya a los que él llama oposición moderada al Régimen sirio. ¿Moderada

Lo hizo un año atrás y, como en Egipto cuando tumbó a Mubarak, consiguió crear un Ejército de fanáticos armados por Occidente y financiados por los amigos de Occidente en el Pérsico. Por ejemplo, la dictadura árabe.

En Arabia, un cristiano puede ser -y es- torturado y asesinado por tener una Biblia. En la Siria de Bashar Al Assad, los cristianos disfrutaban de libertad religiosa y hoy colaboran con el Régimen en la defensa de Damasco. Sólo los que han caído bajo el yugo de los opositores a Al Assad saben a quién está apoyando Occidente: a los mayores salvajes que recuerdan el Creciente Fértil, cuna de la humanidad.       

Eso significa que Obama no rectifica: él no se equivocó, ni en Siria, ni en Iraq, ni en Egipto, ni en Libia. Sólo que ahora tiene que bombardear a los que antes armó y animó. ¡Márchese, señor Obama! Este señor no tiene claro quiénes son los nuestros.

Si quieren ustedes distinguir, en la macedonia musulmana a los nuestros de los otros, a los buenos de los malos, sólo tienen que mirar quién defiende la libertad religiosa y quiénes no. Es un termómetro que no falla. El resto de las libertades proceden de ahí.

Eulogio López

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