Atención: chorradas sublimes, mejor 'grossen chorradem', sobrevuelan la red y se instalan en la nube. Grossen chorradem como la de que se están produciendo movimientos de convoyes militares hacia Cataluña, así como las 'informaciones' sobre helicópteros (no lo duden: helicópteros negros, como las tarjetas de Bankia) que sobrevuelan España.

No se apuren, en Cataluña no a va pasar nada de nada -res de res-, al menos desde un punto de vista institucional. La única movilización previsible por parte del Gobierno Rajoy forma parte del espíritu ligeramente huevón del señor presidente: no hacer nada y conseguir que el adversario se cueza en su propia salsa. En el presente caso: que Artur Mas haga el ridículo con su macroencuesta de participación directa con urnas de cartón. Y probablemente lo hará.

'Grossen chorradem' alrededor de la participativa consulta catalan
La verdad es que si los rusos -o los gringos, que será más probable- invadieran a España, el actual inquilino de la Moncloa no movería un dedo y nos explicaría que la toma del Paseo de la Castellana por tropas extranjeras es una muestra de la internacionalización de la economía española.  

En ese vacío en el que flotamos, ya no nos aguantamos ni nosotros mismos

Digo que en Cataluña no va a pasar nada en la convicción de que en el noreste de España ya ha ocurrido lo más grave que podía ocurrir: se ha creado un ambiente guerracivilista... que se suma a la atmósfera guerracivilista vigente en el resto del país. Sí, España está en peligro de guerra civil, no sólo en Cataluña, por la disgregación moral de la sociedad española, que ha prescindido de Cristo y, con ello, se enfrenta al vacío. Y no será una guerra civil a la vieja usanza, como en 1936. Será una guerra civil de todos contra todos porque, en ese vacío en el que flotamos, ya no nos aguantamos ni nosotros mismos. Pero no se apuren: el ejército tendrá poco que ver en esto y el furor independentista catalán terminará cuando los independentistas se aburran de su juguete... y el resto de España se aburra de aburrirse. Es decir que la situación es desesperada, pero no grave.

Eulogio López

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