El presidente del Gobierno se despide en su línea habitual, con un balance triunfal de su desastrosa política económica

 

El líder del PSOE pasará a la historia como un mentiroso que se acabó creyendo sus propias mentiras. España ante el abismo: una economía muerta y una sociedad mortecina. Pero hay soluciones.

Mañanita del viernes 29. Primero la inflación: con un crecimiento mínimo del PIB, un 3,1% de inflación en España no es poco, es mucho, aunque se reduzca una décima. Se encarecen las hipotecas porque se encarece el Euribor. El déficit público se reduce sí, gracias a las exportaciones, que es el recurso de las empresas españolas ante la imposibilidad de vender en España. Y por cierto, crecen las exportaciones sin que el Ejecutivo haya apoyado a la empresa exportadora. Al parecer, los industriales españoles valen más que su Gobierno.

Más noticias en la gloriosa mañana: la EPA. El paro ya no está en el 21%, sino en el 20.8. Lo hemos reducido -¡Qué bueno!- en 76.500 personas y nos quedamos en 4,83 millones de desempleados.

Lo peor, aunque no debería serlo. Los plutócratas de Moody's avisan de que rebajan el riesgo de España, la prima de riesgo se dispara y la bolsa se cae. Ojo, porque las empresas españolas son muy buenas y hay muchas multinacionales deseosas de comérselas crudas… y cada vez les resultará más fácil comérselas porque cada vez valen menos en bolsa.

En esta situación, al borde del abismo, lo lógico sería apretar el acelerador en las llamadas reformas. La financiera no, porque es una necedad manifiesta que encima nos va a salir muy cara. Con bancos y cajas de ahorros lo único que hay que hacer es dejar quebrar los quebrados y garantizar los 100.000 euros per capita que ya están garantizados.

Pero la reforma laboral sí: despido libre, reducción de cuotas sociales y, a cambio, subir el salario mínimo hasta los 1.000 euros mensuales.

Reducir prestaciones sociales -sí, prestaciones sociales- y, sobre todo, subvenciones públicas. Reducir el tamaño del Estado en las tres administraciones, lo que implica reducir el número de funcionarios.

¿Y cómo crecer? Apoyando a los elementos más productivos de la sociedad, a la micropyme, al profesional y al autónomo, por de pronto, reduciendo su impuesto sobre el beneficio. Y si ello hay que pagarlo subiendo el IVA, pues habrá que subirlo de nuevo. No me gusta, pero está claro que es la única forma de resucitar una economía muerta y, lo que es peor, una sociedad mortecina.

Lo importante es crear un clima de esfuerzo colectivo y de austeridad colectiva.

Mientras tanto, ¿en qué piensan nuestros líderes? ¿En un gran pacto para sacar adelante ese cambio de cara? Pues no, Rajoy quiere llegar pronto a La Moncloa. Rubalcaba le pide a ZP que aguante más tiempo y el presidente del Gobierno empecinado en su sectarismo doctrinario y en salir airoso de La Moncloa, objetivo bastante difícil. Mientras arde Roma, ZP y sus mariachis abortero y feminista empeñados en promulgar la eutanasia y en sacar adelante la liberticida Ley de Igualdad de Trato.

En esas condiciones, este es el escenario en el que Zapatero se ha visto obligado a convocar elecciones para el 20 de noviembre (aniversario de la muerte de Franco). No quería porque, pese al balance triunfal que realizó durante su última convocatoria, sabe que se va por la puerta pequeña, pero lo ha hecho en su estilo: el de un mentiroso que se cree sus propias mentiras, asegurando que le deja encauzado al siguiente Gobierno el "cambio de modelo económico".

Lo que está claro es que ha dejado a España al borde del abismo. Y a Rubalcaba, a los pies de los caballos.

Eulogio López

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