El Gobierno se apresura para aprobar sus últimas leyes ideológicas

 

Zapatero es consciente de su imagen de improvisador y trata últimamente de limpiarla diciendo cosas como que desde su llegada a Moncloa pensaba quedarse dos legislaturas. En su tradicional estilo solemne, el presidente del Gobierno aseguró que la fecha de la convocatoria de elecciones era una decisión "meditada y madurada desde hace tiempo", que no tenía en cuenta la oportunidad electoral (el vuelco Rubalcaba) y que su "responsabilidad" le hacía consciente de tomar la decisión por el "interés general". Sin embargo, no fue capaz de explicar por qué el 18 de junio dijo que pensaba agotar la legislatura.

Con respecto a la idea de convocar elecciones en noviembre, Zapatero explicó este viernes que el Gobierno quiere aprobar las leyes de reforma que se encuentran en tramitación: agilización procesal, agilización concursal, integración de los trabajadores agrarios en el régimen general de la Seguridad Social, reconocimiento y protección integral de las víctimas del terrorismo.

El Gobierno ha asegurado en los últimos meses que no son necesarias más reformas en materia de empleo, pensiones, competitividad, etc. Lo cierto es que lo ya aprobado no tiene demasiado efecto, por lo que parece que la economía española necesitará reformas más profundas. Pues no, esas reformas -y el consiguiente desgaste político- quedan para el que venga.

Con respecto a las leyes de enjuiciamiento criminal, muerte digna e igualdad de trato, Zapatero ha señalado que dependerán del trabajo que se realice en las Cortes y que las mencionadas por él no agotan el catálogo. Pero son precisamente esas las que el presidente querría ver aprobadas al finalizar la legislatura. Desde el comienzo de su mandato, su máximo interés fue legislar conforme a un proyecto de ingeniería social. Con la llegada de la crisis, tocó aquello de gobernar y dirigir la economía y Zapatero se vio superado, pero el presidente quiere marcharse con un buen sabor de boca.

Rodrigo Martín

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