¿Por qué tenemos los españoles esa imparable querencia a la conspiración Internet se ha llenado de sospechas sobre el Alvia estrellado en Santiago. Son casi 80 muertos y ya se insinúa que hay alguien detrás del accidente.

Oiga, no me gustaría ser familiar de alguna víctima y que me turbaran con la sospecha de que ha muerto, no por un fallo humano, lo que se puede sobrellevar, como todo dolor de pérdida, sino por la acción expresa de un mente malvada. Porque eso ya no es dolor por la pérdida, es injuria y la injuria duele mucho más más.

Pero es que encima, en España, la teoría de la conspiración constituye una rama más de nuestro frondoso árbol cainita. Como en el 11-M resulta que en el Alvia el enemigo no es exterior, sino interior.

Y así, en el 11-M, lo que estaba claro que era, en el fondo, una masacre del islamismo contra la España cristiana (esa España cristiana que no quiere serlo) se convirtió en una nueva guerra civil en la que los sinvergüenzas del PSOE pescaron en aguas revueltas y los engreídos del PP fueron incapaces de cambiar de tesis, porque eso supondría reconocer un error. No el error de las Azores, sino la obsesión con ETA.

Recuerden todos los asesinatos de la Yihad a comienzos del siglo XXI, los grandes atentados de Nueva York, Bali, Londres o Madrid. En Estados Unidos, Australia o Reino Unido, sirvieron para unir a la sociedad contra el enemigo exterior. En España, sirvió para una guerra civil de extrema violencia dialéctica aunque no llegáramos a las manos.

Y no digo que los frutos de esa unidad fueran siempre para bien. No tenemos más que contemplar la invasión de Iraq. Ahora bien, al menos sirvieron para unir, no para separar. Esperemos que el trágico accidente del Alvia no sirva para lo de siempre: para sospechar del vecino al grito de algo huele a podrido. Claro que como siempre hay algo que huele a podrido, la podredumbre es la compañía eterna de la vida social, como la cizaña.

Por lo demás, los partidarios de buscar tres pies al gato deberían recordar que, en la sociedad de la información ya apena existen conspiraciones, sino algo mucho peor, existen consensos. Tópicos que vuelan por Internet a la velocidad de la luz y que son aceptados por la mayoría -consenso- no ya sin ser demostrados, sin ni tan siquiera ser mostrados. Suelen ser consensos presentados con gran erudición y mucha ignorancia, con mucho rigor y nada de verdad. O sea, como se presentan los consensos sobre grandes mentiras.

Eso sí, provocan una gran desazón.

Eulogio López

[email protected]