Ha bastado una reformita, porque eso es, no otra cosa, sobre el aborto.  

Ocurrió durante la Comisión Ejecutiva del Partido Popular, el pasado miércoles. El ministro de Justicia, el de la reformita sobre el aborto, hizo una exposición brillante. Tanto, que provocó el aplauso y la felicitación de su contrincante permanente, Esperanza Aguirre: cosas veredes, amigo Sancho.

Pero da lo mismo. El presidente gallego, Núñez Feijóo, ahora aliado con los bolivarianos, habla de consenso: consenso entre la aberración libre que pretenden los socialistas y la aberración un poco más limitada de Gallardón.

Y Celia Villalobos, conocida entre los periodistas parlamentarios como 'Celia Villapolvos' (no por su vida privada sino por su vestuario a lo largo de décadas) abortista profesional, pide voto secreto.

Y el bombero pirómano extremeño, señor Monago, también pide consenso, es decir, consenso sobre el tipo de abortos que queremos, que es como si a un inocente condenado a muerte le dan a elegir entre la horca o la hoguera.

El problema, señor Rajoy, es que nadie da lo que no tiene. Si uno no cree en la vida no tiene nada que hacer frente a los adalides de la muerte. Porque ellos sí están seguros de lo que quieren: quieren matar al inocente e indefenso.

No se puede luchar con la mayor barbarie contemporánea, el aborto, oponiendo un aborto menor (no tan menor, que con la norma Gallardón seguiremos superando los 115.000 infanticidios provocados por año en España). No se puede luchar contra un aborto salvaje con un aborto elegante. La vida o se defiende o no se defiende. Y si se defiende, se defiende a tope. Lo que el PP está haciendo, y por eso pierde el debate, es lo que repetía el que fuera presidente del PSOE Histórico, el exiliado José Prat, cuando aseguraba que siempre que algún necio dice que dos más dos son seis y un sensato le contradice, advirtiendo que dos más dos son cinco, surge un tercero, que, en pro del diálogo y la tolerancia, acaba concluyendo que dos más dos son cinco.

Defienda usted la vida, señor Rajoy y déjese de coñas. Si la gente viera lo que es un aborto (he dicho viera) la opinión pública cambiaría de parecer. Y el que no acepte este valor no negociable, que es la vida, pues que se vaya del PP. El problema es que ni usted cree en la vida. Y entonces, claro está... nadie da lo que no tiene. O sea, que deje usted de ser un centro reformista y repudie tanto el aborto salvaje como el aborto elegante (más bien poco elegante).

Eulogio López

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