Decíamos ayer, en referencia al obispo de Solsona, que un católico puede ser separatista catalán pero que me temo que eso aporte poco al actual desafío independentista de Artur Mas. Desafío que, dicho sea de paso, me parece una chorrada enorme.

Por las mismas, tengo que poner en solfa, con el mismo afecto -mucho más que respeto- filial, el documento que la mayoría de los obispos de la Conferencia Episcopal emitieron ayer en defensa de la unidad de España. Por cierto, unidad que sí creo conveniente para todos los españoles, incluidos los catalanes. Sobretodo para ellos. No creo que la unidad de España sea un bien moral. Sí, ya sé que todos los bienes son morales y, si no es moral, no es un bien, pero la unidad de la nación española no debe ser considerada un mandato eclesial para los cristianos. Dicho de otra forma: la unidad de España es estupenda pero no creo que los sucesores de los apóstoles deban entrar en ella.

Les comprendo, claro. Por dos razones: la esencia de España es su fe cristiana, como pudo verse durante la II República y la posterior y tremenda Guerra Civil. Si los republicanos, y entre los nacionalistas catalanes y vascos, hubieran dejado en paz a los cristianos, los católicos no se habrían arracimado alrededor de los militares golpistas. Como ya he mencionado otras veces, si hubiera sido un joven en 1936 me hubiera apuntado al golpe del 18 de julio porque los muy demócratas republicanos me estarían masacrando por ir a misa.

Segunda razón: los obispos contemplan cómo los separatistas suelen ser cristófobos. Da miedo pensar lo que los muy democráticos grupos parlamentarios de Izquierda Unida o la minoría catalana de ERC, o la minoría vasca de Bildu harían con la Iglesia si llegaran al poder sin cortapisas. Como da miedo pensar el anticlericalismo bestial, aunque no armado, de ocho años de Zapaterismo.

Dicho esto comprendo a los obispos. Cualquiera con un mínimo de sentido común, concluye que la unidad de España es buena para todos y más en estos momentos, pero se corre el riesgo de que las palabras de los obispos se interpreten como un mandamiento cristiano y que, además, adscriban a la jerarquía las posturas del Partido Popular. Recuerden que el PP puede ser el partido más respetuoso con la Iglesia de todo el arco parlamentario, pero no deja de ser una formación de derecha pagana. Por ejemplo, es abortista y vocero del capitalismo financiero, que, créanme, atenta contra la Doctrina Social de la Iglesia.

La jerarquía católica está obligada a convivir con lo menos malo de la política, pero, en sus pronunciamientos, no hacer concesiones: la verdad es una.

Por lo demás, el documento episcopal me parece atinado y profundo.

Eulogio López

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