• El acuerdo que prepara el Monarca debe llegar después del 25-M y antes del 11-S. Nadie quiere una Diada como la de 2013.
  • La tercera vía conllevaría el reconocimiento de Cataluña como nación y un estatus fiscal especial.
  • La primera intención es que Mas se sume a un acuerdo de alcance nacional con el PP y con el PSOE.
  • Por otra razón, Rajoy sólo pone una condición: que el 'president' renuncie al referéndum de noviembre.
  • La desconvocatoria de la consulta supondría, naturalmente, la ruptura del acuerdo de gobierno de CiU y ERC
  • La última palabra la sigue teniendo Artur Mas: debe optar entre echarse al monte o desconvocar el referéndum.
  • En paralelo, el Rey se ha dado dos años para conjurar el secesionismo catalán y emprender una segunda transición.
  • El Monarca ha acudido a políticos de su generación: González, Rubalcaba, Solana, también Rajoy, no Aznar, Roca y Pujol.
  • Además, para acuerdo PP-PSOE-CiU, se baraja la sucesión de Artur Mas: uno de los candidatos es Germà Gordó.
  • Otra alternativa es Duran i Lleida, como hombre capaz de entenderse con el Rey y con Rajoy.

El diario El Periódico de Catalunya abre su portada de hoy con el titular: "El Rey intenta tender puentes con Catalunya". El rotativo aprovecha un gancho de actualidad, la visita del Monarca a Barcelona, donde coincidirá en un acto oficial con Artur Mas (ambos en la imagen) para informar de que don Juan Carlos se ha reunido con políticos y empresarios para desactivar el referéndum soberanista, en el marco de una operación más amplia de Zarzuela para encauzar el diálogo entre PP, PSOE y CiU.

Sorprende la 'exclusiva', cuando Hispanidad ya contó en enero, con todo lujo de detalles, los planes del Rey. Por aquello de que nunca debe haber derecho al olvido en este tipo de cuestiones, recordamos lo que ya señalamos entonces, que se reduce esencialmente a una idea del Monarca: el logro de un nuevo escenario que reconcilie de nuevo a los españoles -las aspiraciones independentistas son una locura- sin romper la Constitución de 1978.

El Rey se ha dado un plazo de dos años para conseguir ese objetivo. Y cuenta para ello con dos premisas: que el PP tiene muy difícil revalidar en 2015 la mayoría absoluta de 2011 y que será necesario, por tanto, el consenso en temas de Estado entre izquierda, derecha y nacionalistas. Para Cataluña, sería la tercera vía para solucionar el contencioso que nos entretiene: conciliaría la inquietud en el Estado con las aspiraciones de mayor autogobierno de Cataluña, desactivando así el independentismo.

Pero antes de que todo eso se fragüe, debe haber un acuerdo sobre Cataluña después del 25 de mayo, tras las europeas, y antes del 11-S, día de la Diada. Nadie quiere que se repita una proclamación independentista en las calles de Barcelona como la del año pasado. Y ese acuerdo nacional pasa, en primera instancia, por Artur Mas. Rajoy ha puesto la condición al 'president': que renuncie al referéndum de noviembre. La desconvocatoria rebajaría la tensión en el lado 'nacional' y supondría, en el otro lado 'nacional' la ruptura del acuerdo de CiU y ERC. Todo ello depende, naturalmente, de Mas, que tiene la última palabra.

La hoja de ruta de don Juan Carlos incluye una reforma controlada de la Constitución para apagar de una vez por todas con el fuego permanente del independentismo catalán. Y no sólo eso, también con los focos de violencia sociales cíclicos y crecientes en España.

Para alcanzar un consenso de esa magnitud, el Monarca tiene en cuenta tanto a Mariano Rajoy -con quien mantiene una relación cordial y distante- como la mayoría absoluta del PP, pero quiere aprovechar también el gancho que todavía tiene con políticos de su generación. Nos referimos, no a Aznar, con quien nunca se entendió, sino a socialistas con los que no sucedió lo mismo, como Javier Solana, Felipe González o el propio  Rubalcaba. Y quiere contar también, para acertar al redil a CiU, con Jordi Pujol y Miquel Roca.

Roca, abogado de la Infanta Cristina en el 'caso Nóos', es uno de los 'padres' de la Constitución y siempre ha defendido, paralelamente, el concepto de Cataluña como nación. Y, sobre todo, como Pujol, está convencido de que Mas ha enloquecido. Pujol, mientras, también pondría buena cara a un acuerdo, pero exigiendo que se paralice la persecución judicial contra su familia. 

La premisa es nítida: el problema catalán ha fraccionado en exceso a la sociedad y Artur Mas se ha salido de madre con su referéndum de marras. Dicho de otro modo, el 'president' ha dejado de ser importante el tablero de una negociación que parte ahora de la Jefatura del Estado porque no se ha conseguido desde la Presidencia del Gobierno. Pero CiU, en cualquier caso, es necesaria para ese consenso y Mas también, en primera instancia, para desconvocar el referéndum.

La solución parece alcanzable con una reforma blanda de la Constitución, que pasa como fórmulas con el reconocimiento de Cataluña como nación, conceder una autonomía mayor -también fiscal, similar a la de vascos y navarros- y abrir la vía para que encaje el Estatut, incluso incorporando de nuevo los polémicos artículos que declaró inconstitucionales el Tribunal Constitucional. Y a cambio, CiU debería aceptar que los catalanes convivan con el resto de España y 'colaborar' para que el independentismo se reduca a lo que siempre fue: que represente al 15% de la población catalana, y no el 50% actual, que es el porcentaje de catalanes que, sin ser independentista, vota a partidos anti-españoles.

Y a la postre, quedarían solucionadas dos cosas más: que la república no sea alternativa y que no vuelva el fantasma de una guerra civil, aunque ya no sería como en 1936 -dos bancos con una identidad ideológica y religiosa-, sino, por ejemplo, antisistemas de izquierda contra partidarios de un mínimo orden social.

En todo este entramado de alcance hay un problema que se llama Artur Mas, decidido a inmolarse políticamente por la independencia o dispuesto a sacar de quicio lo que sea necesario, lo cual complica en exceso cualquier intento de pacto con el Gobierno. Y al mismo tiempo, para reformar la Constitución, con un gran pacto parlamentario -de lo contrario seguiríamos en las andadas-, CiU es necesaria, lo que no es posible con Artur Mas.

La solución a este desaguisado pasa, en consecuencia, por recuperar a la vieja guardia del nacionalismo catalán, que se entienda con el PP y con el PSOE.

Uno de los posibles candidatos para sustituir a Mas es el actual consejero de Justicia de la Generalitat, Germà Gordó, menos independentista que el 'president' pero no menos catalanista. Gordó, además, mantiene buenas relaciones con el PSOE (su esposa, la jueza Roser Bach, fue nombrada vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PSOE). La otra alternativa a Gordó sería Duran i Lleida, como hombre capaz de entenderse con el Rey y con Mariano Rajoy.

Un sustituto viable para Mas evitaría que éste se tuviera que medir de nuevo ante los independentistas de Esquerra Republicana, en el Parlament o ante el Gobierno. El único examen que tendrá que superar es el de la dirección del partido y eso es muy diferente.

Eulogio López

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