Mire usted, señor Rajoy: administrar una quiebra -perdón, un concurso de acreedores- es algo muy complejo, pero usted quiere dejar de administrarlo para que lo administre Bruselas, lo cual nos convierte en siervos de la Unión.

Por cierto se habla mucho de la quiebra de España, y tenemos varias docenas de gurús, algunos premios Nobel de Economía, que fechan el infausto acontecimiento. Eso sí, cuando la tan temida e indefinible quiebra no se produce abandonan el papel para asumir el de agorero, y pronuncian frases como ésta: Cuanto más tarde Rajoy en pedir el rescate, más costoso resultará. Es decir, que como han metido la pata, lo que no les gusta mucho, advierten que, por no hacerles caso, el palo nos espera a la vuelta de la esquina.

Ahora bien, ¿qué es una quiebra? ¿Qué significa que España quiebre? ¿Que no pueda pagar a los especuladores alemanes en deuda pública o que no pueda pagar a sus pensionistas? Porque no es lo mismo, ¿verdad?

¿Y qué es un rescate? ¿Aquello que evita la quiebra? No exactamente; un rescate es refinanciación. Rescate es que yo le ofrezco un crédito, una refinanciación, como quien dice, a un prestatario agobiado por una deuda ya de por sí asfixiante.

Es como cuando el banco te dice que, como no puedes pagar la hipoteca, cuya amortización son 100, te va a permitir que pagues lo mismo al mes pero durante veinte años, en lugar de diez, con lo que, al final, acabarás pagándole 200 en lugar de 100. En pocas palabras: una ruina y una esclavitud de por vida.

Hombre, Mariano: no seas lelo y ten más confianza en el país que presides, más confianza en los españoles. Manda a los eurócratas de Bruselas a freír espárragos y sácanos del euro. A ser posible, insisto, con Italia. Eso y una combinación de medidas de ajuste, sin duda, necesarias, con un incremento del salario mínimo interprofesional, que permite aguantar los ajustes.

Eulogio López

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