Carme Chacón (en la imagen), una chica que quiere ser califa en lugar del califa. Sigan la ecuación, que no es moco de pavo: el presidente de la Junta de Andalucía y presidente honorífico del PSOE, asegura que no se va a presentar a la Presidencia andaluza dentro de tres años. ¿Qué tiene que ver la Presidencia de un gobierno autónomo con el liderazgo socialista que pretende, claro está, la Presidencia del Gobierno de España Nada pero, al parecer, todo. La unión entre la nada y el todo es la ambición de poder y los navajazos internos del PSOE.

Y entonces es cuando aparece doña Carme, que quiere ser califa en lugar del califa, y coge el rábano por las hojas y se cuelga de las palabras de Griñán cuando habla de regeneración. O sea: Rubalcaba, lárgate y déjame a mí el sillón.

El PSOE está dando un espectáculo lamentable, no por su progresismo radical -feminismo, homosexualismo, etc-. Eso no es un espectáculo, es otra cosa peor. No, el PSOE está dando un espectáculo porque a nadie se le oculta que, al igual que otros partidos, como el PP, CIU o Izquierda Unida, se ha convertido en una maquinaria de poder donde vuelan los cuchillos en cuanto se percibe un muerto, ergo, un sillón vacío. Y esto no lo arregla ni el optimista spot de Acuarius sobre los políticos.

Por cierto, el agente electoral de Carme Chacón es su esposo, Miguel Barroso,  secretario de Estado de Economía con Zapatero. Fue uno de los más importantes delegados del  todopoderoso masoncete Sir Martin Sorrell (WPP) en España, además de hombre clave en la fundación de La Sexta, la cadena más favorecida por el Gobierno socialista.

De hecho, La Sexta de Jaume Roures ("comunista y anticlerical", ahora Planeta, como él mismo se define) ha sido el principal valedor de Chacón en la interminable crisis interna socialista. Pues bien, Barroso ya no es útil a Sir Martin y ha decidido prescindir de sus servicios, al menos en primera línea. Ahora se dedica a organizar eventos. Así no hay forma de influir en el nombramiento de la primera mujer presidenta del Gobierno de España. Pero Chacón no pierde la esperanza.

Eulogio López

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