El problema no es que los nacionalistas, de izquierda y de derecha, arremetan contra Esperanza Aguirre por pedir la reducción del Estado de las autonomías, el problema es que Mariano Rajoy también lo haga.

Desde el punto de vista informativo. El miércoles se ha convertido en la caza y captura de la presidenta madrileña, para quien Sanidad, Educación y Justicia deberían ser devueltas al Estado central y transporte público a los ayuntamientos.

Postura muy lógica e incluso generosa (habla una presidenta que perdería poder de aplicarse la medida) dado que el Estado autonómico ha multiplicado la burocracia en España. Ahora bien, esa opinión no ha gustado al socio del Partido Popular en Navarra, es decir, a Carlos Salvador, el diputado de UPN que apoya al Gobierno Rajoy. Pide Salvador lo contrario: que el régimen foral del que disfrutan Euskadi y Navarra y que pretende Cataluña se extienda a todas las comunidades autónomas españolas.

Y esto también es muy lógico y demuestra que el problema territorial español no es el Estado de las autonomías sino lo que oculta. Por ejemplo, los norteamericanos son los más patriotas del planeta. Sin embargo, en su sistema federal los distintos Estados poseen más competencias, aún, que las comunidades autónomas españolas.

El problema, pues, no es el Estado, sino el cainismo español. El problema es que los nacionalistas vascos o catalanes no quieren autonomías para trabajar juntos sino para disgregarse. El gobernador de Texas o de California es muy celoso de sus competencias pero no se le ocurre hablar del Estado norteamericano, sino de su país, su nación o su patria, sea republicano o demócrata.

Este es el problema de España: no la estructura administrativa sino el cainismo.

Sirva esto sólo para entendernos.

Eulogio López

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