Los que marcan la actualidad, aproximadamente cultural, del momento, rezan lo mismo que el trailer de Pacific Rim: hazte grande o extínguete, una superproducción de Guillermo del Toro, de tono apocalíptico, oscura, que desarrolla la manida idea del bien contra el mal, ambientada en un futuro inestable, en el que la humanidad se ve abocada a un final infeliz, a falta de un héroe que pueda restablecer el caos. Y la verdad es que es un objetivo y una descripción que aceptaría la inmensa mayoría de la sociedad. Es decir, que aquí algo que no marcha.

El economista británico Ernst Friedrich Schumacher escribió su libro Lo pequeño es hermoso en la década de los setenta, una teoría económica y una filosofía de vida que sistematizaba la obra de los distributistas de la primera parte del siglo XX. Sobre todo de Hilaire Belloc (El Estado Servil) y de los hermanos Chesterton.

Para ellos, el dilema público-privado no tenía mucho sentido. Los distributistas eran liberales pero no capitalistas: sabían que el Estado no era malo por ser público sino por ser grande... y todo lo grande resulta ingobernable. Por eso les encantaba lo pequeño: el pequeño agricultor, el pequeño artesano, el autónomo, el comerciante, la microempresa. Todo lo ajeno a los grandes endeudamientos, los grandes proyectos futuros y la gran explotación presente de los trabajadores.

Cuando la sociedad cambió el quiero ser mejor por quiero ser grande se  resquebrajaron la libertad y la justicia. Pero aún no nos hemos percatado y queremos seguir siendo grandes en lugar de pretender ser mejores.

Eulogio López

[email protected]