No me acaba de gustar el ministro de Educación, José Ignacio Wert, por la misma razón que no me gusta la reforma laboral de su compañera de Gabinete, Fátima Báñez. O mejor, me gusta lo que hacen pero no me gusta lo que se deja por hacer.

Wert, por ejemplo, retira Educación para la Ciudadanía pero no aclara las clases de religión. Por ejemplo, premia el esfuerzo y castiga a los vagos pero no aplica el cheque escolar (que, a la postre, sería lo más barato e implantaría la meritocracia).

Ahora bien. El ministro Wert ha dicho que hay que "españolizar a los alumnos catalanes". Si hubiera dicho que hay que fomentar el idioma castellano en Cataluña -que era lo que quería decir- nos habríamos ahorrado el rasgado de vestiduras generalizado, un pelín hipócrita. No dijo 'niños', dijo alumnos, con lo que quedaba claro que no aludía a un lavado de cerebros sino a la promoción del castellano, la lengua oficial de todos los españoles y la segunda lengua del mundo, en una zona de España donde muchos niños hablan mal el castellano.

Y no hubiera pasado nada... si lo que caracterizara a los españoles, y lo que destroza la marca España, no fuera el cainismo. Los socialistas son tan centralistas como el Partido Popular pero les importa un pimiento el futuro de los alumnos catalanes: lo que les importa es criticar al Gobierno Rajoy.

El enemigo de España no está fuera: está dentro. Los de afuera no hacen otra cosa que aprovecharse de nuestra estupidez. Porque el cainismo español, encima, tiene mucho de hipócrita: los que ahora le insultan saben perfectamente de qué estaba hablando Wert.

Eulogio López

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