Tres días después del jarro de agua fría sufrido por el Partido Popular en Andalucía, ha ocurrido lo previsible, es decir, lo peor: el señor José Antonio Griñán no quiere abandonar la poltrona. Un resumen, sucinto, ciertamente, pero no muy alejado de la realidad.

Pues qué mal. Mire usted, de los resultados electorales lo único que se deduce es que en Andalucía debe gobernar la lista más votada, el PP, y en Asturias la lista más votada, es decir, el PSOE.

Muchos me dicen que la política es como el tenis: el ganador es quien se apunta más 'sets', independientemente de que obtenga menos juegos y menos puntos que el contrario. También me dicen que no existe el sistema electoral perfecto y que, por tanto, un sistema es tan justo como cualquier otro.

Pero no, no hay que buscar lo permisible, sino lo justo. Y en una democracia debe gobernar el más votado. En Andalucía, el PP; en Asturias, el PSOE.

¿Ocurrirá así? Me temo que no. Los políticos españoles figuran entre los más sinvergüenzas del mundo: su objetivo consiste en mantenerse en el sillón a toda costa el mayor tiempo posible y eso de sacrificarse por el bien común ya no lo mencionan ni en los mítines porque les produce mucha risa.

Total, que me temo que en Asturias gobierne la coalición Foro-PP (y a lo mejor precisa de UPyD) y en Andalucía el amigo Griñán, auditado por Izquierda Unida. Es decir, que seguiremos creando paro y corrupción, en especial en Andalucía, donde no hay alternancia desde hace 30 años. Y ya se sabe que si el poder absoluto corrompe absolutamente el poder eterno corrompe para toda la eternidad.

Eulogio López

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