• Y Rajoy quiere más centro-reformismo: es decir, que el aborto no se toca y a la familia natural, ni caso.
  • La alianza entre socialistas, comunistas e independentistas, según Pedro Arriola, beneficia al PP.
  • Arriola ha convencido a Rajoy de que debe colocarse frente a los nacionalismos, pues nunca contará con la ayuda ni de CiU ni del PNV.
  • Y mantener la Constitución. Nada de cambios, salvo que sean pactados con el PSOE.
  • Contra el nacionalismo y con el progresismo.
  • Dos preocupaciones en Génova: que UPD se aparte de 'Frente Popular' y que surjan partidos independientes, especialmente si buscan el voto católico.

Cuando camina hacia el ecuador de la Legislatura, el Partido Popular ya tiene claro que ahora toca luchar por mantener la mayoría relativa, que no absoluta. El principal asesor electoral de Mariano Rajoy, es decir, Pedro Arriola (en la imagen), ya ha planteado la estrategia. No es más que la conclusión arroliana sobre la técnica a seguir tras los dos hechos que marcan las elecciones (desgraciadamente sólo estos dos): los ajustes económicos y la corrupción.

Arriola considera que vamos a unas elecciones que se resumirán en la batalla entre el PP y las candidaturas tripartitas: socialistas, comunistas y nacionalistas.

En el PP consideran que esa coalición les beneficia. En primer lugar, porque radicaliza al PSOE que no sube en las encuestas a pesar del bajón del PP. Como se ha visto en Andalucía, la coalición PSOE-IU da más visibilidad al comunista mientras afea la imagen moderada de los socialistas.

Respecto a los nacionalistas, Arriola (al que no le gusta elaborar documentos sino trasmitírselo de palabra a Rajoy, al igual que hizo con Aznar), el asesor presidencial, considera que el PP no debe ceder en ninguna reforma de la Constitución ni del marco estatutario. La consigna es quedarse como está. En primer lugar, porque no esperaba nada ni de CiU -volcado hacia el soberanismo- ni del PNV ni de Coalición Canaria. Todos ellos están acentuando sus tintes independentistas. Por tanto, no conviene abrir el melón constitucional ni darle ventaja alguna: que la gente elija, tanto en elecciones nacionales como en regionales o locales, entre españolismo y secesionismo.

Y lo curioso es que Rubalcaba le está dando la razón con su obsesión por la reforma constitucional hacia la España federal.

Cualquier reforma constitucional debe hacerse de la mano del PSOE, que tendría que elegir entre romper el 'Frente Popular' o arriesgarse a la acusación de estar rompiendo el país.

Dos preocupaciones en los estrategas de Génova: la primera es sobre UPD, el partido jacobino que podría quitarle votos al PP. Respecto a Rosa Díez, Arriola se felicita por el hecho de que, por ejemplo, en el caso Bárcenas, UPD se alíe con el frentepopulismo o al menos su postura sea próxima a esa tendencia. UPD puede quitarle votos al PP. Y se los ha quitado en el pasado. Pues bien, cuanto más vocifere mejor.

Hay un segundo vector muy importante: Arriola ha convencido a Moncloa de que es necesario recuperar el centro-reformismo, aquella doctrina que nadie entendía pero que, en pocas palabras, se considera un progresismo de derechas. Arriola insiste en que no hay que temerle al voto católico, porque, según él, no existe.

Y así, Soraya Sáenz de Santamaría ya ha explicado que el Gobierno aplaza la reforma -reformita- del aborto y que hace caso omiso del 'derecho a la vida' que figura en su programa electoral. La familia natural también ha sido abandonada por el PP y la radio-televisión pública continúa en manos de la progresía cristófoba.

Por esta vía llegamos a otra de las preocupaciones del PP: que surgieran partidos independientes, especialmente de ideario cristiano, que pudieran sacarle los colores a un PP... 'centro-reformista'. Para ello, Arriola insiste en que resulta crucial mantener las barreras de entrada al sistema, para que en España conseguir entrar en el Parlamento resulte más costoso que difícil.

Esto es lo que nos espera del PP: la verdad es que ya lo presentíamos, sin necesidad de que nos los contara Arriola. Pero es bueno saberlo.

Eulogio López

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