No critiquemos a quien comulga recibiendo la forma consagrada en la mano y llevándosela luego a la boca. No podemos criticarles porque los cristianos no somos críticos con la Iglesia (o no deberíamos serlo) sino discípulos, y resulta que la Iglesia ha permitido ambas formas de acercarse a la eucaristía.

Ahora bien, la comunión en la mano también tiene sus reglas: mano derecha bajo la mano izquierda, donde se deposita el Cuerpo de Cristo y posterior recogida con la mano derecha para, ojo, ¡ser consumida de forma inmediata, delante del sacerdote! Por ejemplo, en la mañana del jueves, en la eucaristía de las ocho, en la iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel, en el centro de Madrid, una mujer recoge la forma en la mano y se la lleva. El oficiante se ve obligado a advertirle:

-Perdone, señora, pero debe usted comulgar aquí.

Vamos, que se la introduzca en la boca y de allí al estómago. A la mujer no le hace mucha gracia la regañina pero atiende la orden. Me pregunto si no se evitarían estos 'incidentes' volviendo a la comunión en la boca. Ojo, también con la comunión en la lengua pueden perpetrarse sacrilegios, contra el Cuerpo de Cristo, en tiempos en los que es moda, moda satánica, profanar la eucaristía, pero al menos lo pondríamos más difícil.

Pues bien, ahora resulta que el Papa Francisco (en la imagen) (al que algunos progres siguen queriendo considerar su Papa) -no aprenden estos chavalotes- está promocionando la comunión en la boca. Y de rodillas, lo que, dicho sea de paso, también dificulta la recepción en la mano. Insisto: hay que insistir en la diferencia entre lo obligatorio y lo conveniente. No condenemos a quien no hace sino lo que la Iglesia permite: parece que se abren nuevos, y buenos, tiempos.

El asunto no es baladí porque, si quieren ustedes saber cómo va el mundo, reparen en el tratamiento que damos a la eucaristía. El resto de signos vendrá por añadidura.

Eulogio López

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