Uno de los primeros directores que de periódico a cuyas órdenes trabajé me repetía: Escribe lo que te dé la gana pero el titular es patrimonio del director.

Uno diría que a esta crónica del diario El Mundo sobre el viaje de Benedicto XVI a Berlín, le han aplicado el viejo principio: que el director, o el redactor jefe, o el jefe, a secas, es más comecuras que el escribano, el que sigue el viaje del Papa. ¿Defraudó o no defraudó el Pontífice las legítimas esperanzas ecuménicas? Uno diría que no, pero dejémoslo así.

Benedicto XVI tiene temple de acero. No le paraliza la atmósfera ambiental, por muy adversa que sea. Mima al pecador y tortura al pecado, idea lo que tiene que decir sin buscar el aplauso: por eso cosecha tantos aplausos como calumnias. Porque si a sus palabras nos atenemos, jo, qué de difícil es negarle la razón.

Benedicto XVI ha dicho que los católicos y protestantes están juntos pero no unidos. Quiere decir que la mano está abierta y tendida pero con los principios no se juega. ¿De verdad pensaba el 'jefe' de El Mundo que el Papa iba a admitir el libre examen o la justificación por la fe? ¿De verdad piensa que eso es ecumenismo o se trata de arrearle un palo al Papa, deporte muy popular entre los progres?

Benedicto XVI no ha tenido reparos en decir, en Prusia, centro del ateísmo mundial tras el paso de nazis y comunistas operando sobre un terreno luterano, que el principio de mayorías no basta si no hay justicia. Como no soy tan caritativo como el Papa, recordaré que el bueno de Lutero convertía al hombre en Dios, doctrina en la que Dios no pierde pero el hombre sí. No, democracia no es lo que vota la mayoría sino lo que se atiene a la naturaleza humana, es decir, a la ley natural es decir, a la justicia. Si el 99% de las personas deciden que yo muera, puedo asegurar que evitaré, incluso por la fuerza, una medida tan democrática.

Pero, al mismo tiempo, Benedicto XVI ha recordado que Cristo nos ha creado libres, lo cual representa una grandeza pero una dificultad no pequeña para el hombre. Por tanto, ha recordado que la religión necesita de la libertad y la libertad necesita de la religión. Si la libertad no necesitara de Cristo, podríamos repetir, con el amigo Lenin: "¿Libertad? ¿Para qué?".

Dada la confusión actual, se dirá que Benedicto XVI se ha propuesto aclarar ideas, como objetivo primordial de su Pontificado. Por eso sorprende tanto y por eso, salvo el mariachi feminista, siempre se le recibe de uñas y se le despide con vítores.

En su tierra alemana y en cualquier otro lugar.

Eulogio López

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