El senador republicano ridiculizó al secretario de Estado demócrata, John Kerry: le vino a decir que Estados Unidos va a apoyar desde el aire a Al Qaeda.
El debate ilustra a la perfección lo que está ocurriendo con Obama, un presidente que puede pasar a la historia por lo que es –el primer negro en la Casa Blanca- pero no por lo que hizo. Sigo pensando de él lo mismo que hace seis años, cuando logró su gran triunfo: yo también quería un negro en la Casa Blanca, pero no a éste.

Obama quiere una guerra para pasar a la historia como un presidente fuerte. Una guerra cobarde, desde el aire, y una guerra a favor del mismo magma que tumbó las torres gemelas en el atentado terrorista más grave de toda la historia.

Lo curioso es que, enfrente, Rusia da lecciones de paz. En lugar de bombardear Siria, Moscú ha presionado a Damasco para que entregue sus Armas químicas a Naciones Unidas, situando la cuestión en el foco principal, allí donde la colocó el Papa Francisco: basta ya de guerra para animar el bazar de las armas. Un pacifismo activo, hacia la destrucción de armas de destrucción masiva.

De paso, se evita una ataque que produciría un efecto dominó seguramente peor que el de Irak.

La otra piedra angular de la diplomacia internacional es la libertad religiosa, el derecho más pisoteado en el mundo tras el derecho a la vida. E insisto: el mejor termómetro es saber qué líderes, también autoritarios, respetan la libertad religiosa de los cristianos -los más sometidos a persecución a gran distancia de todos los demás. Y resulta que Bashar Al Assad es un autócrata pero respetaba la libertad de los cristianos, quienes, lógicamente, se han puesto de su parte en el conflicto. Por contra, Estados Unidos y Occidente tras él, están apoyando a quienes, como diría Putin, "se comen el corazón de sus enemigos".

Eulogio López

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