Empieza a aburrir el tema griego. Una vez más, el Eurogrupo no se pone de acuerdo. Los manifestantes bloquean los ministerios, el Gobierno en Atenas, las bolsas se derrumban -no vamos a llorar por ello-, etc., etc., etc. La melodía suena a demasiado oída.

La única manera de solucionar el sistema griego es la quiebra, controlada o no, como prefieran, pero se trata de reconocer la realidad, que es la base de toda terapia psíquica. Y lo que sufre el mundo rico es una verdadera demencia.

El fallecido Néstor Kirchner y su viuda, actual presidenta de Argentina, no son sus personajes favoritos. Han enfangado a Argentina y creado una especie de Estado matonil, donde la delincuencia se ha disparado.

Pero en Economía, Kirchner hizo algo muy bueno. Con una Argentina agobiada por la deuda reunió a los tenedores de bonos argentinos y les amenazó: ustedes ya han ganado mucho dinero con nuestra deuda. Les debo 100, o se conforman con 50 ó no les pago nada. Al final, los fondos buitres aceptaron la propuesta. Kirchner fue un desastre para Argentina pero aquí estuvo a la altura.

Pues con Grecia lo mismo. Los democristianos alemanes tienen razón: Grecia debe a la quiebra y, si la palabra asusta, digamos que debe ir a una reestructuración de pagos con una quita que los propios alemanes han cifrado en el 50%. Y, a renglón seguido, que la Unión Europea ayude a los griegos de verdad, con un plan Marshall, que cree empleo, a ser posible empleo en empresas privadas, cuanto más pequeñas mejor.

Eulogio López

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