"Este asunto está en vuestras manos", asegura un fanático de Al Qaeda quien amenaza con matar a los rehenes franceses a los que torturan en Mali, Somalia y otras zonas de expansión de la nebulosa Al Qaeda, es decir, de la cerrazón islámica, que utiliza a los rehenes occidentales para chantajear a Occidente. Ceder una vez es ceder siempre.

A Francia se le ha acabado la paciencia en una zona en la que fue potencia colonial y ha decidido utilizar a su ejército para bombardear a los guerrilleros musulmanes que pretenden convertir Mali en una prisión, según costumbre. Se ha anticipado a la ONU que ahora discute si debe producirse una intervención militar para salvar a las víctimas de sus verdugos o si debe permitir que los verdugos se tranquilicen una vez alcancen el poder. Pero Francia, de entrada, ha comenzado a bombardear.

No sólo eso; lo hace después de su "fracaso" en la liberación de un rehén en Somalia. Fracaso porque no consiguieron liberarlo y los salvajes fundamentalistas le han asesinado, pero el Gobierno Hollande ha hecho lo correcto. No se puede hacer lo que ha hecho España, tanto Zapatero como Rajoy, es decir, pagar rescate e incluso liberar terroristas. Lo que hay que hacer es combatir el mal, no financiarlo. Y si desgraciadamente hay que hacerlo, en determinados casos, con las armas.

Estados Unidos y Reino Unido han prometido apoyo logístico a París. España no. Si cree que con eso va a evitar que se siga atentando contra España o que no se secuestre a españoles, están listos.

En Mali, François Hollande (en la imagen) ha hecho bien. Al intentar imponer a los franceses el matrimonio homosexual, no. A Hollande le llaman el nuevo Zapatero, por dos razones: sigue el caca-culo-pedo-pis de ZP: aborto, divorcio exprés, gaymonio y cristofobia. Miles de franceses ya salieron a la calle el domingo para enfrentarse al homomonio pero Hollande ya ha aclarado que le importa un pimiento.

Y también le llaman zapaterista por su propensión a gasto económico. Dentro de poco los especuladores se ensañarán con Francia como lo han venido haciendo con Italia y España. Hollande empobrecerá Francia, ciertamente, económica y éticamente, pero al menos tiene claro que al fanatismo no se responde con alianzas de civilizaciones ni con  vergonzantes pagos de rescates.

Eulogio López

[email protected]