Si quieres fastidiar a alguien vete a los tribunales: tu enemigo está frito.


Monseñor Juan Antonio Reig, obispo de Alcalá, pronunció una homilía el día de Viernes Santo. Una homilía con un doble contenido: recordaba a doctrina de la Iglesia en la materia. Es decir, la homosexualidad es un desorden natural grave, un pecado, y, en segundo lugar, al homosexual hay que ayudarle a salir del infierno homosexual. Está clarísimo que monseñor Reig ha cometido homofobia, algo gravísimo.

Total, que ahora un juez investiga al obispo, lo que implica dos cosas: que el lobby gay ya se siente lo suficientemente fuerte, es decir, tiránico, como para cargarse la libertad de expresión.

Esto empieza a resultar peligroso.

Eulogio López

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