• El lobby solar, la Triple A y el embajador Solomont se salen con la suya.
  • Encima, Mario Monti intercede por ENEL-Endesa.
  • Por su parte, la patronal UNESA ya está resignada a pagar más impuestos aunque pretenden una reducción de la tasa.
  • Y lo que es peor: el retraso sume al Gobierno en el ridículo.

Primero fue para marzo, luego para abril, más tarde se dijo que en junio, luego pasó a julio y ahora parece que ni siquiera será en agosto. El Ejecutivo ha vuelto a retrasar la tan necesaria reforma energética. Y que conste que lo de necesaria no lo decimos nosotros; lo ha dicho en más de una ocasión el propio ministro del ramo, José Manuel Soria (en la imagen). Y no le falta razón, porque el déficit de tarifa se está convirtiendo -si es que no lo ha hecho ya- en un problema financiero.

El caso es que el presidente Rajoy -que tiene la última palabra sobre el asunto- se ha arrugado ante las presiones que le llegan de varios frentes y que, por cierto, se han incrementado en los últimos días, porque la reforma del ministro Soria incluye reducir las primas a las renovables. Algo inadmisible para el lobby solar, la Triple A (Acciona, Abengoa y ACS) y para el embajador de EEUU en España, Alan Solomont, defensor de los fondos y bancos norteamericanos que han financiado la energía solar en nuestro país, energía que sólo es negocio porque recibe generosísimas subvenciones públicas que pagamos todos.

Y por si fuera poco, durante su visita del pasado jueves, el primer ministro italiano, Mario Monti, intercedió a favor de la empresa pública italiana ENEL -o sea, Endesa- y, por lo tanto, en contra de los verdes y de UNESA. Por cierto, la patronal, que ya da por hecho que tendrá que pagar más impuestos, intenta por todos los medios que el Ejecutivo reduzca las tasas.

Aun con eso y con todo, lo peor no es el retraso -aunque el agujero financiero sigue creciendo- sino el ridículo que está haciendo el Gobierno y, especialmente, el presidente que, una vez más, ha mostrado su falta de valentía para coger el toro por los cuernos.

Miriam Prat

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