• La frívola Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta única.
  • Montoro se convierte en 'manos tijeras'.
  • Luis de Guindos, a sanear la banca y a pelear en Europa.
  • José Manuel Soria frente a las eléctricas y para Fátima Báñez queda la reforma laboral.
  • José Ignacio Wert, un progre al frente de la educación Española; un manipulador de audiencias al frente de la cultura
  • El poco diplomático García Margallo a Exteriores y Gallardón consiguió ser ministro de Marina, perdón, de Justicia.
  • A Jorge Fernández Díaz, probablemente lo que menos le gustaba: Interior.

Con una celeridad lindante con la grosería, y sin admitir preguntas de los periodistas, el nuevo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recitó la lista de sus trece ministros, donde ha primado, con las consiguientes excepciones, la lealtad personal antes que la idoneidad.

En primer lugar, su número dos, vicepresidente única, ministra de Presidencia y portavoz del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, una abogada del Estado que se ha caracterizado siempre por su frivolidad. No sólo por su famoso 'posado Hollywood' para El Mundo, imitando el otro posado, el de las ministras de Zapatero para Vogue, sino por haber convertido su tarea de oposición en el Congreso a pillar al Gobierno en algún renuncio sin aportar nada.

Vamos con el área económica, que es la clave. Se confirma la separación entre Hacienda, al que se añade Administraciones públicas y Economía, al que se añade competitividad. Para el primero, Cristóbal Montoro, un hombre tremendamente capaz, el cerebro del equipo Rodrigo Rato, pero poco ducho en la negociación. Le gusta más el trabajo de despacho. Montoro será el encargado de los recortes y de la negociación con las Comunidades Autónomas: más recortes.

A Luis de Guindos le toca negociar con Europa y pergeñar la reforma bancaria. Pocos están más preparados para ello que este financiero. No, no tuvo que ver con la quiebra de Lehman Brothers. Él era responsable de España y Portugal, que marchaban de cine. Eso sí, De Guindos es un financista. Para él, dejar caer de Lehman fue un error… y es un error dejar caer a cualquier banco, aunque a algunos nos parece la única solución posible para salir de la crisis, que es crisis financiera.

Fátima Báñez es otra diputada de probada fidelidad a Rajoy, Por lo demás, no se le conocen especiales conocimientos en materia laboral. Y mejor no hablar del nuevo ministro de Industria, José Manuel Soria, un 'killer' a la hora de apartar a quien no le conviene –recuerden el caso María San Gil-. Técnico Comercial del Estado, no parece el hombre más indicado para aclarar la política energética del Gobierno, que será su principal cometido. De Ana Pastor como ministra de Fomento, mejor no hablar. Su paso por Sanidad le confiere el dudoso mérito de haber iniciado la utilización de embriones humanos como cobaya de laboratorio.

El áspero García Margallo, siempre dispuesto a la crítica pero leal a Rajoy, se convierte en responsable de la diplomacia española. Digamos que curioso. El estirado Pedro Morenés regresa a Defensa. Jorge Fernández Díaz llega al Ministerio del Interior, probablemente al sitio donde menos le gustaría llegar. En cualquier caso, es uno de los pocos ministros con un perfil cristiano.

No se le conoce experiencia en administración sanitaria a Ana Mato, un mujer, eso sí, tremendamente respetuosa con todos, aunque poco firme a la hora de defender sus principios. Asusta lo que puede hacer en materia de Igualdad, una de las grandes demagogias en la que ha entrado el partido Popular desde que aprobó la Ley contra la Violencia de Género. Al menos no es una feminista, tipo Pajín o Bibiana Aído.

Tan sorprendente como preocupante el nombramiento de José Ignacio Wert, un progre en toda regla para una cartera tan importante como Educación. Y encima presidente de Sofres, la gran manipuladora de audiencias del medio más poderoso políticamente: la televisión. Como para asustar.

En agricultura, el simpático y capaz Miguel Arias Cañete. Le espera la reforma de la Política Agraria Común (PAC). Eso sí, Cañete es un posibilista y la agricultura necesita medidas muy radicales porque radical es su tendencia a la consunción.

Gallardón, uno de nuestros peores ciudadanos, ha conseguido ser ministro, no de Marina, porque ya no existe, pero sí de Justicia. Político siempre pendiente de su carrera profesional, que no de su cometido político, no es el personaje para luchar contra la corrupción moral que asola a la Administración de Justicia española, en la que nadie cree, ni al sectarismo que impregna al actual colectivo de jueces y fiscales.

Eulogio López
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