El gran pecado de la economía española no ha sido la especulación financiera (esto es cosa de norteamericanos y británicos) sin el apalancamiento o endeudamiento excesivo. Eso es lo que mantiene en vilo a muchas empresas españolas, especialmente del sector construcción: una deuda asfixiante.

Lo estamos viviendo ahora con la refinanciación de Sacyr y ACS. Leyendo a periodistas y analistas y, sobre todo, escuchando a los protagonistas del asunto, en este caso Manuel Manrique y Florentino Pérez, uno diría que conseguir una refinanciación constituye un éxito de gestión. Oiga, menos coña. Una refinanciación no es una condonación es, sobre todo en estos tiempos de crisis, conseguir que los bancos alarguen el crédito pero al más alto precio. Es decir, que las empresas acuden a la refinanciación para que no les embarguen porque no pueden pagar su deuda pero sólo a costa de endeudarse más, de deber más. La única buena noticia es amortizar el crédito y reducir deuda.

Esto es lo que ocurre ahora mismo con Sacyr, cuyo crédito de casi 5.000 millones de euros vence el miércoles 21, lo que supone que el jueves 22 debe estar inscrito el nuevo cuadro. Aunque Sacyr consiga que le refinancien, lo hará a costa de perder dinero -minusvalía- y de endeudarse más en términos relativos, dado que el tipo de interés sube desde el desde el 1,2 al 3,5%. Y todo ello, encima, malvendiendo, dado que, a la postre, lo único cierto es que Sacyr compró el 20% de Repsol a 27 euros por acción y ahora ha vendido el 10% a 21 euros.

Lo mismo ocurre con ACS, quien días atrás vendía una nueva refinanciación de sus activos. Lo cierto es que Florentino Pérez tiene endeudada a la constructora y su propia participación en la misma. No sólo eso: si decidiera tirar la toalla en su batalla con Iberdrola, ACS se encontraría con una minusvalía de más de 1.500 millones de euros y unos gastos financieros en derivados incalculables.

En definitiva, la única refinanciación positiva consiste en achicar deuda, aunque sea vendiendo activos y comenzar una nueva era: actuar con recursos propios. Ya saben: la felicidad consiste en ingresar 20 peniques y gastar 19; la desgracia viene cuando ganas esos mismos 20 y gastas 21.

Eulogio López

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